jueves, 11 de mayo de 2017

BAJO UN CIELO SOMBRIO Y PINTADO (FESTIVAL TANGO DIVINO VI) Por Catulo Bernal

Ay de los mensajes no enviados, de las esperas en vano y de los ilusos que creen que el tiempo tiene una cualidad elástica! Todavía llevaba el móvil inútil en la mano, con el mensaje que nunca mande a Helena cuando dejamos  la pista Blanca en donde el dueño del festival Jaime Divino enviaba señales al otro lado del océano de oscuridad.  Apenas registraba el polvo de otro pasillo lleno de viejos carteles de variete, que me llevaba junto a Laura, Lara, Sofia y  los muchachos de Lusiardo  hacia una previsible pista de color negro, si mis lecturas de Poe y el gusto de Divino coincidían. Pero al pasar por la puerta, junto con otros peregrinos  de salas anteriores, vi que la séptima pista simulaba un cielo con nubarrones pintados y allá lejos, muy arriba un destello que no supe si eran trazos o un foco semejante al sol abriéndose paso en la borrasca. Las parejas de la pista se empeñaban en Fresedo bajo un cielo ominoso en donde a veces algunos flashes enviaban relámpagos artificiales y unos aspersores lloviznaban gotas de verano sobre cabezas y suelo. La barra era parecida en todo al damajuanas de cinco litros, pan casero hecho en horno de leña y con sanguches criollos donde eran estrellas el matambre y la galleta  que los concurrentes masticaban con saña y caña. El musicalizador reinaba en lo alto de un mangrullo protegido de las artificiales inclemencias climáticas por la escalera para subir y unas bolsas tipo vivac balanceando las piernas y mostrando unas medias ciudadela a rombos, que los muchachones jóvenes de la milongueridad jugaban  a ensuciar encaramándose a las alturas por un poste central, el consabido palo enjabonado donde alardeaban mirando a las muchachas que no bailaban y a algunos milongueros mayores que cada dos tandas decretaban tregua a su pies doloridos. Las mesas eran todas de chapa y oxidadas, al igual que las sillas. En un extremo había un festejo improvisado con caballetes y  un portón de iglesia y veinte o treinta personas congregadas bajo un cartel en el que se leía: "Muy feliz despedida de la Milongueridad, Toto Canguela!". El homenajeado era un muchacho grande, un sesentón. No se sabia si iba a casarse, hacerse monje o ingresar en la secta de los desengañados por el tango, dedicándose al amor obligatorio, al sofá, las series de television o la búsqueda introspectiva. En conjunto toda la sala era una preciosa recreación de un bailongo de campo, al estilo de "Milonga del Oriental", pero con demasiado diseño.  Entiendase, amamos esa milonga al aire libre por su rusticidad, y los encuentros que sus características propician, la posibilidad de la locura agreste mezclada con la contingencia mágica que a veces provocan cuatro o cinco elementos confluyentes no buscados y por eso queridos. Pero esta  pista era un simulacro. Una excusa para venir a emborracharse con caña y ginebra, viendo la alegría  de los demás, las sonrisas que  nunca se apagaban. Como aquella  luz verde que para Divino representaba quizá un amor contrariado por ignorancia u omisión. Mire buscándolo por algún rincón, pero no lo vi. Así  que mientras Vieytes y Luconi se dedicaban a hacer subir obligatoriamente a los jovenes al palo enjabonado a punta de encendedores aplicados en los tangueros pantalones bombachudos, El Indio y Laura desaparecían detrás de una pequeña puerta casi tapada por un árbol  al otro  lado de los baños y Diogenes Pelandrun seguía su decurso peripatetico perdiendo batallas dialécticas con Sofia,  me encamine a la barra buscando el soporte del poema de R. Lamido, que aparecía pintado con brocha gorda y tinta verde al costado de un frasco gigante de caramelos  media hora. Pedí una caña haciendo esfuerzos porque me dieran con el vuelto una moneda insoportablemente pesada - cosa que no sucedió - y leí:
mostrador de un almacén de ramos generales de campo, con botellas de vino,
"Los que no bailan `purifican sus penas oyendo tangos tristes y los que bailan buscan que el abrazo las redima".
Me hizo acordar a mi.
 La caña me calentaba. Me acerque a la pequeña puerta casi tapada por el árbol.  Intencionadamente la llovizna mojaba allí mas que en otros lados. El cartel de la puerta solo decía "Salida Mágica". Me quede ahí, como quien se acerca a casa de amigos o amores extintos y se queda parado sin golpear y sin irse. Entonces sucedieron dos cosas que quebraron aquella bucólica milonga de diseño:  Apenas comenzaron a sonar los primeros compases de "Mi reflexion" hubo un revuelo en la mesa de despedida de la milongueridad, Toto Canguela se libero del abrazo de sus amigos y su pareja  y a las patadas tiro la mesa, el cartel y las bebidas. Poseído como estaba cabeceó a la primer mujer a la que vio y se fue para la pista donde se puso a bailar con profusión de ganchos y entusiasmo.  Un momento más tarde un nutrido grupo de personas entre las que se encontraba el Pibe Pergamino vino casi corriendo de la pista blanca. Oí murmullos, comentarios, voces : "Están cerrando el festival, los inspectores están  cerrando el festival"  "El señor Divino y su guardia de samurais inmortales lucharan para que sigamos bailando" o "han caído, las tres primeras pistas han caído"  comentarios últimos dichos por algunos fanáticos  de "Juego de Tronos".
 Me acerqué a Pergamino. "Es verdad lo que dicen pero tenemos tiempo de llegar hasta la ultima pista a buscar a Helena" me dijo. Le mostré el mensaje no mandado y el poema de Lord Byron con el que la muchacha se despedia. "Oh,Oh," dijo. y  "Bueno, igual seguimos hasta que nos echen" Reunimos a los componentes del grupo y decidimos apurar las pistas, antes que la avalancha de la prohibicion nos privara de llegar hasta el final.  Las muchachas y Pelandrun buscaban a Laura y El Indio hasta que les dije que los había visto irse por la puerta. En condescendiente connivencia no dijeron de buscarlos. Por algún fallo técnico los aspersores comenzaron  a llover mas fuerte bajo el cielo pintado y sobre las mesas de chapa, haciendo mucho ruido y sintonizando con mi estado emocional. Los intrépidos trepadores y algunos pantalones chamuscados por el empeño de Vieytes y Luconi habían desaparecido.  El musicalizador se refugiaba con más bolsas, protegiendo el ordenador y gastando las ultimas tandas para las pocas parejas que seguían bailando con su compás intacto y que no se desbandaban como la mayoría. El pulpero guardaba la bebida y los sanguches. Algunos de la fallida despedida milonguera, "cambiaban de rumbo enderezando hacia el hogar" y otros  se guarecían debajo del portón de la iglesia intentando proteger a la pareja de Canguela que lloraba a los gritos mientras el arrepentido despedido seguía bailando eufórico. Pasamos por la puerta de salida en donde el reloj gigante seguía sin marcarla hora real, las cinco de la mañana según mi traidor móvil. Dejamos atrás a Tres samurais que armados con katanas de gomaespuma iban convocados a confrontar y contener las fuerzas del orden en las primeras pistas  y seguimos adelante para acumular más recuerdos que alguna vez rescataran del olvido a este festival que era un refugio y un estado de animo.
Y que se estaba muriendo. 

LA LUZ, LA NOCHE Y EL INCENDIO - FESTIVAL TANGO DIVINO V - Por Catulo Bernal

La pista naranja nos recibió el tiempo justo para comprobar que era un lugar repelente, con sus acrílicos chillones, sus tangos demasiado altos, sus conversaciones trascendentes sobre  los mejores y los peores .No me  sorprendió comprobar que aunque enriquecidos por la experiencia de la vacia pista anterior, teníamos en comparacion un par de vivencias de retraso, como quien llega tarde a una fiesta y descubre códigos y conductas compartidas en los que estaban desde el principio, y que le parecen extrañas. En todo caso Las muchachas, Pelandrun y El Indio habían tenido la deferencia de esperarnos mientras consumian te y pastas marroquies que habian comprado en un puestito al lado de la barra mientras esquivaban a Taxis, Tours, dadores de clases expres y alojadores codiciosos. La pista toda era una formalidad, puesta solo para cumplir a las apuradas con el numero de pistas prometidas. Laura conversaba muy animadamente con el Indio. Y a pesar de que la comitiva Lusiardiana había venido para acompañarme en mi búśqueda de Helena, la muchacha de la madreselva, no pude evitar sentirme un poco inquieto y melancolico. Agotadas las baclavas todos optaron por seguir hacia la siguiente ronda, con la excepcion del Pibe Pergamino que queria bailar algunas tandas bajo los discotequeros focos naranjas, quiza para recordar sus desventuras en la Spectra lejana de su juventud. Asi que nos fuimos hacia la salida, pasando por delante de un par de samurais distraidos y llegando despues de un pasillo a  una imposible escalera en dos niveles donde algunos dormian y otros miraban con ojos soñadores al vacio mientras alguien lustraba tiempos viejos, dandoles brillos que acaso no tenian.  Al final de la escalera habia un puerta vidriera en donde se veia la pista, cuyo color predominante era el blanco apagado de un banquete de boda por el que hubieran pasado muchos ebrios. Y al lado unos aseos lujosos en donde algunas gentes se recomponian antes de entrar. Habia un aguamanil lleno de esencia perfumada, una jofaina con petalos de flores, corbatas, moños e incluso gel para la cabeza. Me moje las sienes, me puse una pajarita sin atar en dudosa combinacion con la camisa carmesi a rayas negras.. Me parecio que era eso lo que se esperaba de los que llegaban hasta la pista blanca.
Entramos. Sonaban Milongas de Canaro-Famá. Habia en todo el ambiente el mismo tono de una fiesta en el fin de los tiempos con algunos exaltados que rodeando la pista jugaban, si es posible emplear el verbo sin mucha pretensión, a las carreras de cuadrigas romanas alzando en grupos de cuatro  sillas en donde iban montadas muchachas saludables. Elementos jovenes se median con recios valores de la milongueridad en duelo de equipos. El  de los veteranos iba mas lento a priori, pero compensaban su falta de velocidad con golpes, trabadas y otras jugadas sucias.  Incluso habia cuatro o cinco ebrios que se habian puestos unas cortinas a modo de toga y cual si fueran patricios comentaban las alternativas de la carrera o de la milonga sobre una mesa puesta entre ambas pistas, bajando o subiendo el pulgar a tal contendiente o pareja. Era un curioso contraste ver a aquella pequeña muchedumbre al borde del desenfreno, en contraposicion con la imponente barra blanca llena de manjares refinados y bebidas que al menos valian dos euros más que las tradicionales colaciones de las barras tradicionales. Pero la concurrencia pagaba de buen grado los elevados precios, como si aquel salón les diera permiso para sentirse por un  rato desfachatadamente romanos, descaradamente amorales.  En un extremo,  al costado de una mini barra habia sofás, otomanas y escabeles de cara a una imponente ventana cristalera desde donde se veia el exterior,  la noche, y a lo lejos un par de luces titilantes. Mientras el grupo Lusiardiano buscaba una mesa o una grada desde donde contemplar las desmesuras  fui derivando sin querer  hacia la mini barra, conciente de mi voluntario distanciamiento sin por qué. Habia allí un  barman tambien de blanco, uno de esos tipos que festejan los excesos como si fueran una cualidad unica del cliente o el grupo de turno, capacitado para mentir sin inmutarse. A su lado estaba el consabido poema, pero esta vez la insipida estultez de R. Lamido habia dado paso a una sentencia de Oscar Wilde:
"Haria cualquier cosa por recuperar la juventud... excepto hacer ejercicio, madrugar o ser un miembro util de la comunidad".
 Miré hacia el grupo que aun dudaba entre  integrarse al clima del Milongón o mirar el espectaculo de las cuadrigas y a los bailarines que parecian saltar más que bailar. Pedi un coñac y me fui a ver la noche en la ventana atravesando aquel bosque de sofas en donde algunos dormian, otros descansaban y otros se prodigaban masajes y caricias. Habia otro hombre alli parado con un vaso de wisky en la mano, el esmoking  negro impecable e inutil, imperturbable al bullicio y contemplando la nada. Era natural que derivara hacia alli y que buscara, al igual que aquel hombre el silencio entre tanto alboroto.
Por la ventana se veian alguna solitaria luz encendida. Quiza algun desvelado o un trabajador tardio o tempranero.
Luego de un rato el hombre del esmoking  hablo. - Mire. Parece una bahia pero solo es un barrio de gente durmiendo. Ve el foco?. Parece un faro. Pero solo es una casa encima de una colina baja. Desde alli deben mirar esta ventana, este salon e imaginar el fastuo del festival.
- Ha visto alguna vez un festival como este?. Es Raro. Muy raro -  dije - Vine buscando a alguien, pensando que me iba a encontrar las famosas nueve pistas con desafios para pasar. Pero ahora no se que pensar. No se que es.
- No sabe?
- Quiero decir. He estado en muchos festivales. En Tango maratones. Incluso en encuentros terapeuticos milongueros. Y esto no se parece a nada. La gente viene a bailar. Pero en cada pista hay tambien algo más que tango o milonga. Es...una experiencia. Y por 10.50 la entrada no existe en el mundo algo asi. Fijese, la gente está aqui exaltada.
- Se lo pasan bien. No es eso en esencia lo que deberia ser cada milonga, cada festival?
- Si, Si. Pero yo me refiero a otra cosa.  No lo entiendo. No se. Donde está el negocio? digo, para el que lo organiza. No lo puedo explicar.
Dejo de mirar la noche. se volvio hacia mi. paladeo un sorbo de wisky. Me sonrio. dijo.
- Por ahi no se trata de un negocio. Por ahi es otra cosa.
- Y para que?. Digame.  Contratar este lugar. Exponerse a las criticas de los que no entienden las pistas y el enojo de  los que organizan milongas en el mismo dia. Mantener este mamotreto inmenso y lleno de salas. No digo ya alquilarlo. Pagar a todo este personal, Soportar las amenazas de los vecinos, los accidentes de aquellos que se desenfrenan como si tuvieran veinte años. Lidiar con los imprevistos, con los inconvenientes y el malhumor de los tradicionalistas, con las pocas ganas del personal y con el reloj, que parece detener la existencia adentro. Por que?. Que gana quien organiza?. Tanto es su amor al tango como para montar algo como esto?. Porque?.

Me miro y dio un sorbo al wiski  - Y por que no?. No es una buena manera de sentirse vivo, dejarse llevar y olvidarse de todo?. Pasarlo bien?. o hacer que la gente lo pase bien?
- Si. Si. Pero si lo pasa demasiado bien despues la vuelta a la realidad es mucho peor. Todas las milongas tendrian que ser buenas, o excelentes. Pero si  la gente se acostumbra a lo inolvidable y lo inolvidable se vuelve rutina entonces,  que? Y si pasa un caso como el de los cantores Malandra y Pococho. Como vuelve la gente? Como mantener un nivel de excelencia asi, en el tiempo?
- Por ahi no es una cuestion de continuidad, sino un incendio arrebatado. Un momento breve o una señal. A usted que le parece? Estas luces, este festejo.  Se verá alli, en la casita aquella?
Miré a la luz. Parecia un fanal verdoso detras de un mar quieto hecho de espera.
- No se. Por ahi la ventana de esa casa mira a otro lado - Dije.
Me miro. No supe interpretar si era un hombre triste o yo estaba proyectando mis dudas y mis tristezas sobre el. Luego de un rato dijo:
 - Si. Si. Puede ser. Si.
Mire la ronda. Tocaba luego de tres tandas de Milonga una de Tango.
- Usted no baila?
Me miro como si hubiera dicho una tonteria.
- No. No. Yo no bailo. Yo. Soy Divino. - dijo
- Si. Si. El salon esta lleno de artistas, genios comprendidos o incomprendidos, dioses y semidioses. Pero no sere yo o  en todo caso usted quien deberia decirlo.
- No. No. Soy Jaime Divino. Este es mi festival.- dijo. En un costado un grupo estaba organizando un campeonato de volcadas.
- Ah... Debo... debo felicitarlo primero por la experiencia. Pero... Pero por que?
- No es evidente?-
Iba a contestar pero no pude. Un samurai de la organizacion llego corriendo sofocado - Señor Divino. Señor Divino!. Los malevos de la primera pista se han emborrachado y buscan mujeres para pelllizcarlas. Que hacemos?
- Las monjas. Busquen a las monjas boxeadoras - Se lo veia cansado. Enseguida llegó otro.
- Señor Divino. Señor Divino, un milonguero se enloquecio y anda repartiendo puntazos y mordiendo a la nada mientras baila. Que hacemos?
- Si no suelta espuma por la boca vayan conduciendolo a la pista vacia y que se encarguen los medio zombis esos. Todo. Tienen que consultarme todo. Disculpeme.
- No. No. No se disculpe. Aunque no sea un negocio es su ocupacion.
 - Señor Divino, Señor Divino. Ahi en la puerta, alli esta...
Los ojos de Divino se iluminaron como si de pronto hubiera visto un pastel con las bengalas encendidas.
- Vino?. De verdad Vino?
El samurai Tragó saliva.
- Vino. Vino un inspector. Hay problemas con la habilitacion. Amenaza con clausurar. Y los vecinos se quejan de la gente que se equivoca buscando los baños y se queda afuera haciendo ruido.
Se le borró la sonrisa. Se empaño la mirada.- No. No... Estoy tan cerca. Tan cerca. Ahora no. Calcule las probabilidades. No pueden. Donde esta la brigada de descontrol, desorden y desenfreno?.
- Es que estan con el grupo de los catequistas y el cura. No...
- Puede creer esto. en pleno siglo 21 que me manden la inquisicion?. Perdoneme camarada. Me temo que soy un mal anfitrion. Disfrute amigo - dijo y desaparecio seguido del Samurai.
En la pista las gentes seguian bailando milongas. En la otra pista los lesionados y las sillas se amontonaban junto con los tragos. Iba a integrarme al grupo Lusiardiano, que estaba compartiendo  algo parecido a una bateria cordobesa con muchos platitos cuando el pitido de Wasap entrante me hizo ver el movil. Era un mensaje de Helena por quien habia venido al festival del señor Divino.  Al abrir su chat comprobe con esa desesperacion que baja desde la cabeza, recorre la columna vertebral y se asienta en las piernas que el mensaje en donde le decia que iba en camino al festival para buscarla estaba titilando, absurdamente demorado por mi torpeza debajo de su mensaje:

                "Aunque la noche fue hecha para amar y el dia vuelve demasiado pronto
                                 nunca mas pasearemos a la luz de la luna"
              
Entre el clima general de juerga ya habia algunos samurais organizando retiradas. Pelandrun sugirió seguir hacia la siguiente pista y todos coincidieron. Me deje llevar, sin decir lo de la inspeccion, solo para salir de aquel sitio de festejo que me hacia sentir peor. En los sofas los amantes se  dormian. En la ventana el foco en lontananza se habia apagado.
Y yo iba hacia adelante. Solo por ir.