miércoles, 24 de octubre de 2018

EL POSIBILITADOR IMPROBABILIPASOS DEL MILONGUERO ALLANDA

Bruno Pureschef era un bailarín malo y lo sabia. Le apodaron ALLANDA una contracción lingüística que expresaba sus innegables falencias para el baile y su situación en la pista porque siempre bailaba  como al fondo y en el centro de un circuito extraño que recorría media ronda  con prisa y casi tropezando.
Su baile no Era. Un hecho irrefutable que prescindía de factores externos.
No se trataba de indolencia, desidia, enciclopedismo, soberbia o malos profesores. A pesar de sus 4834 clases tomadas y sus 5000 tandas ALLANDA no mejoraba ni entendía el elemental fuego de cobertura que la música debe dar al paso. Ante sus pies se abría el abanico infinito de posibilidades y como intentaba desplegarlo todo junto solo se lo veía como un borrón, una no-sucesión compacta saltando lejos del compás y sutileza.
Que en los ratos libres del trabajo farmacéutico, entre las lecturas de Mecánica popular y Lupines el hombre creara pasos ayudado por una escoba no ayudaba. "Si voy por acá y hago un ocho quedara buenísimo" se decía convencido del paso arriesgado y nunca visto que al llegar a la milonga no podía aplicar por las leyes de la física, de la gravedad y el imprevisible factor humano.
"Ah. Si tuviera un armario atemporal donde meterme y practicar pasos hasta que me llegara la sabiduría. Si todo el presente me pasara por al lado y yo pudiera llegar a dominar todos los secretos del tango sin que afuera pasara un solo segundo. Si el armario me mantuviera joven...Ah." decía.
Y mientras los demás cubrían toda la pista bailando  ALLANDA hacia su circuito limitado en las sombras, lejos de la puerta y de las luces.
Una noche bobaliqueaba al lado de la pista calculando cuanto costaría dar un giro en la gravedad de Marte  cuando vio pasar al Toto Flema abrazando  a una de esas criaturas milongueras  que bailan extendiendo su belleza al movimiento. En un segundo vio sus ojos semi-cerrados, la delicada curva de sus labios y su figura, el grácil movimiento de un mechón que eludia la cara del Toto y parecía volar con cada adorno frágil y sugerido de sus piernas firmes. Vio el delicado juego de los músculos en la espalda y el trazo de las manos acunando.
 En ese segundo Bruno Pureschef, ALLANDA  supo con el cuerpo todo estremecido para que había venido al mundo.
Se dijo: "Es ella. Mi corazón lo sabe."
"Tengo que abrazarla en la pista. Tengo que bailar. Saber como es ese cuerpo en contacto con el mio"
 Y luego: "Se ira sin siquiera recordarme porque bailando soy un queso."
Como canta Castillo Salio a la calle desconcertado. Sin saber como volvió a entrar. Fue al baño a preguntarle a los hombres sabios. No  vio ninguno sobrio.
Faltaban tres tandas para la Cumparsita final. Podría haber bailado con la torpeza como pretexto para una conversación posterior y  acaso la promesa de una cita. Era un tipo normal enfrentado a una situación normal.  Pero su mente soñadora,  tapizada por las lecturas científicas y los miles de pasos mal hechos no funcionaba así. De algún modo conectó todo un pabellón de neuronas sin iluminar y  transformó a un hombre común  en un genio eventual.
Inspirado y bajo presión  Allanda tardó exactamente dos tangos y medio en inventar un artilugio que posibilitara el encuentro y el baile.  Lo armó con lo que tenia a mano: una moneda de cinco céntimos, el numero de la entrada, un espejo, medio chupito de Wiski, un circuito integrado que llevaba en el bolsillo, cuatro piezas de su móvil, un alfiler,  un chicle mojado en vino, cinta americana y la voz de Podesta en Alma de Bohemio.
Así de desesperado y solitario se sentia.
Habia inventado el Posibilitador improbabilipasos.
Un artilugio capaz de volver ciertos sus pasos imposibles.
No era un objeto  elegante pero funcionaba. Canalizaba el poder de la mente ALLANDA  tajando  en vertical la realidad en la juntura entre dos baldosas. Abría  continuos paralelos en donde tiempo y espacio se ralentizaban hasta el nano-compás y los desplegaba en presentes sucesivos. Era un no-lugar colgado  a una ausencia por un chicle extendido entre un sonido y otro donde hacer probables todas las imposibilidades hasta transformarlas en certezas.  Hacia realidad todos los casis y los simplificaba en un diseño elegante que iba de lo verosímil a lo verdadero.
Para que se entienda Allanda había creado un espacio de realidades bandoneón en donde se alojaba la misma pista en versiones que se iban depurando hasta llegar a la ultima en donde todos los sucederes eran perfectos. ALLANDA puso en marcha su artilugio, cabeceo a la peor bailarina de todas y salio a la pista un paso atrás de donde había colgado el posibilitador improbabilipasos. Si sus cálculos eran correctos su cadencia impracticable iba a llevarlo hacia la perfección y hacia la muchacha justo cuando terminara la tanda. Sonaron los primeros compases. Abrió al centro y mal. Llevando a su pareja por delante avanzo hacia otra pista que era la misma. La cualidad del abrazo, la cadencia y la elegancia se le fueron agregando a medida que dejaba atrás presentes sin agotarlos. Sintió como su cuerpo iba adueñándose de sus otras versiones notándose cada vez mas diestro y armándose de confianza y sabiduría. Experimentó el raro privilegio de ver como sus chapuceros pasos se transformaban el un baile inolvidable. Abrió y cerró los ojos, viendo caras diferentes, perfumes distintos y abrazos cada vez mas afines. Se dejo llevar, sintió su corazón y el corazón de su pareja, percibió todos los matices del movimiento y la conexión. En tres minutos se bailo todo un milenio. Y cuando sonaron los últimos compases sintiendo el calor de la muchacha que lo habia llevado a la grandeza giro en una vuelta insuperable y cerró magnifico reteniendo el calor de ese  cuerpo soñado  muchos, muchos minutos.
Cuando abrió los ojos estaba abrazado torpemente a la mala bailarina con la que había empezado.
El posibilitador improbabilipasos había dejado de funcionar. Al igual que su mente.
 O por ahí se había pasado de largo.
Manipulo nervioso el artilugio sin acceder al portal pegado con chicle a la ausencia donde la juntura de las baldosas solo tenia polvo. Perdió mucho tiempo saltando adelante y atrás mientras los de la milonga desarmaban todo y la muchacha se iba.
A veces basta con una sola idea inspirada, una palabra. O un gesto.
A veces la genialidad no alcanza.
Los hombres sabios se lo llevaron a un bar cercano y el posibilitador termino en la basura, junto con los vasos plásticos, los repulgues no comidos de empanadas y los sueños no cumplidos.
Si van por las milongas les dirán que  Allá anda ALLANDA. Esperando.
Se lo suele ver haciendo aspavientos cerca de la ronda con algún artilugio que no funciona en la mano.
Y aunque baila mejor sigue girando al fondo.

martes, 23 de octubre de 2018

LA VIBRACIÓN DEL MILONGUERO TENSO - Por Catulo Bernal

Me gustan los Tango Maratones. Flota en el aire una concentracion particular que prescinde de los códigos y lo pre establecido. Si viene mucha gente de afuera y los locales se quedan en las milongas habituales, uno  puede sentirse un poco turista  en su ciudad y confundirse en anonimo abrazo con los maratonianos. Si los de siempre se integran,  juegan a sacarse el habito y se distienden mostrandose en horarios diurnos como si milonguearan de entre casa, con zapatillas y en una version menos solemne. Se toman en serio su version pret a porter milongueridad. Quise llevar ese desdoblamiento al maximo invirtiendo unos dineros ganados por textos en cultivar otra personalidad.  Prescindí de ritual y viernes en el "Oriental" dejando a los muchachos la mesa milonguera y a Diogenes Pelandrun, el filosofo mi habitual comentario. No importan la edad, la gravedad y las medallas que te cuelga Ego. Segun Diogenes Pelandrun, algunos días no "ser" es la mejor terapia para el alma. Como escribe Gaiman, a veces es preciso ocultarse en otra apariencia para burlar la atenta vigilancia de los dioses y hacer planes. Estamos acostumbrados a pequeñas imposturas. Somos diversas facetas de lo mismo y resaltamos esas facetas, dependiendo del interlocutor, la ocasion o el momento. Yo no tenia malicia ni las ocultas intenciones que algunos ejercen con cinismo y en ocasiones para toda la vida. Solo queria ser "otro" un fin de semana. Me desvesti de Catulo  y poesia despues del desayuno y  me afeite el bigote Daliniano quitandome diez años de  solemnidad. Fui a una peluqueria cubana donde me tiñeron las cejas en rojo - lavable -   plancharon mi melena Eisensteiniana y le añadieron una extension en forma de trenza roja. Me puse un pañuelo pirata,  unas gafas sin aumento compradas en la farmacia, una camiseta negra con la cara de darienzo que me trajo el amigo contrabajista Beto Capriotti, unos pantalones que eran medio gimnasia y medio gala. Y luego de Practicar el personaje utilizando los consejos de mi compañero de piso y actor Mario Crotowski me fui a la Barcelona Tango Marathon organizada por los amigos Jordi Buges y Elvis Arsic en el polideportivo del Clot.  Si los otros  compañeros  artistas del Hotel Tenebrario donde vivo  me vieron con mi apariencia vikinga nada comentaron. Cualquier vestido es valido para el sustento o la diversión y estan acostumbrados - igual que yo - a las apariciones.
 Necesitaba recuperar esa vieja sensación de ser ridículo en la misma piel, pero en distinto tipo
O ver el mundo desde la variación.
. Cuando llegué al polideportivo la tarde bullia de actividad y gente. Me confundi entre todos presentandome como Roberte Lem, recien nacido y ciudadano de Bernalia.  Me pasee con mis zancadas largas  y mis zapatillas de practica color azul-celeste por el cuadrilatero de la ronda cercado al fondo por los puestos de ropa y complementos,  la mesa de las musicalizadoras,  la gigante barra que ocupaba casi todo el largo de la pista  suministrando combustible solido, liquido, natural y alcoholico a los maratonianos y ls gradas de la entrada, donde habia mochilas, zapatos y algunas mesas  donde los asistentes descansaban, conversaban o hablaban de sus milongas usuales.
 Mis pintas nordicas no desentonaban. Una Tango Maraton es un babel de vestimentas, estilos y personajes.
Cabecee. Baile ligero, pero lento. Tome  líquidos energizantes y alcoholizantes. Procure sacar  a aquellas muchachas que me parecieron ostensiblemente extranjeras. Seguí los ritos del desconocimiento farfullando un idioma inventado.  Actué. Entable diálogos irreales llenos de gesto y lunfardo erróneo. .Si se dio el improbable caso de una conversación en español, torcí la boca y el timbre de voz y luego de soltar jerga inventada acabe la frase con un "No entiende" a caballo entre una entonación polaca y el ingles pesado de un americano  subido de copas.  Me divertí mucho.
Era uno mas en la pista.
Cuando uno baila sin enseñas, sin ego ni pasado su patria momentánea es ese lugar grande o pequeño, que al cabo de unas horas deja de ser una balsa a merced de las olas y transforma a los asistentes en compañeros de ruta, a los desconocidos en amigos, a los abrazos en chalecos salvavidas.
 Cambiaron las luces del día, las percepciones. Las caras eran las mismas, pero otras. Hasta el mismo lugar cerrado parecío mutar con las horas. Aprovechando una clase de chacarera   acompañe a un grupo  a tomar unos bocadillos y cerveza. gesticulando en Bernaliano. A punto estuve de volverme Catulo cuando me cobraron.  Aprecié la belleza y simpatía de las muchachas largando piropos ininteligibles. Hice chistes que los muchachos festejaron sin entender. Mientras ellos iban a su hotel  me fui a duchar al Tenebrario cuidando no arruinar la trenza y sin echarle agua a las cejas.  Cambie la camiseta por una camisa con motivos florales de Igor Sodisnki el pintor de las abuelas de cementerio. Me puse unos pantalones de cinco pinzas  rojo que compre en una subasta al museo de las Glorias Milongueras y con un chaleco negro de fino cuero volví al polideportivo que en las sombras de la noche parecía   un ovni, por la iluminación de leds que cambiaban de color ambientando el predio con precisa sugestión.
Los nuevos amigos saludaban contentos a Roberte,  ecodiseñador y Fresediano.
Hable, baile. Me deje ir.
Felíz,  acaricie la idea de dejarme caer por alguna milonga de las de siempre con mi apariencia. Era sábado noche y los locales igualaron en numero a los visitantes. Mucha gente. Mucho entusiasmo. Sin el bigote y sin el traje, sin la aureola del verso en la palabra  ninguno me reconoció. Era un nadie, un dominguero, un extraviado, un Cowboy de medianoche.
Cada pista y cada noche de milonga tienen su vibración, su aura. Una vibración colectiva que comienza en cada bailarín y cada abrazo reflejando el tono general. Esa vibración es espacial y fluctúa con el animo personal de los que bailan y los que esperan.  Obedece a factores emocionales y a inasibles conexiones entre los átomos que nos forman, a los que hay que sumar el trabajo  del musicalizador, el esmero del organizador junto a su personal y a las expectativas de los asistentes. Si hay buena energía en la ronda se dan ese tipo de noches en que uno puede quedarse sentado sin hablar, mirando la evolución de las parejas en la pista, la belleza del movimiento, la imperfecta forma de resolver lo que podria terminar en un encontronazo y por la improvisación  contenida de todas las parejas no rompe la armonia. O salir a bailar todas las tandas sin descanso.  El tipo de noche inolvidable  que discurre con amabilidad y sin presiones en el que todos vuelan y sufren al escuchar al musicalizador pregonando "Ultima Tanda"  En el otro extremo estan esas noches llenas de bailarines que solo quieren mostrarse y tensionan la pista con egoismos. La vibracion del milonguero tenso dispara a los silencios, vuelve frenético el disfrute. Se traslada de pareja a pareja y parece que todos van huyendo en vez de bailar. El milonguero tenso  corta la fluidez y priva a la pista del reposado paseo de los cuerpos conversando con el alma. Hablo de tension por tecnica, por querer exhibirse, por intentar una competicion sin comunicacion en donde cada cual baila solo.  Por un juego de seduccion mal entendido o por simple interes romantico o  sexual. A veces un solo milonguero tenso va modificando el ambiente y la ronda sin que los demás puedan devolverle cordura. Milongas de las que uno se va temprano, insatisfecho y vacio. Aquel sabado hasta la una de la madrugada experimente la delicia y el delirio  bailando con una mujer China que ponia todo su calor en el abrazo sin desentonar con sus muchos adornos y con otras desconocidas que me dejaron momentos imborrables. Por el azar y la deriva del paso cerramos muy cerca de otra pareja. Ella estaba de frente y cuando abrio los grande ojos la reconoci. Habia sido la novia de Pastura, aquel al que tragó el corazon de las tinieblas milongueras. No la habia vuelto a ver desde que le entregue sus objetos personales. Yo habia querido encontrarla en las milongas y ahora estaba ante mi. O mejor dicho ante Roberte Lem. En ese segundo que va de un tango a otro parecio que penetraba mi impostura mirandome directamente a los ojos. Por caprichos de la tanda comenzó a sonar "Una vez" baile, pero ya estaba sumergido completamente en la vibracion del milonguero tenso.Tantas noches buscando a aquella mujer y ahora que la veia desde mi apariencia estrafalaria el habito Bernal, su poetica y su pasado  me alejaban de la buena energia. Lo supe al terminar la tanda. La tango maraton estaba hasta los topes y plena de vida  y buen tango.
Me deje ganar el cabeceo tres veces. Tres tandas pasaron y yo bailando sin disfrutar, alejandome del tono de la ronda.
Seria presuntuoso decir que mi sola tension bastaba en una tango maraton tan concurrida como esa para modificar el ambiente.
Pero sentí la vibración en mi. La discordancia. Abajo de Roberte no estaba el uniforme de Catulo. Solo habia yo. Y la ocasion perdida.
 Si me tomaba el metro y me vestia de Bernal llegaria a tiempo para encontrarla? Y en el caso de llegar a las ultimas tandas podria encauzar nuevamente mi vibracion? Supe que no.  Catulo es un maestro de los destiempos y los desencuentros. Tendría que haberlo traído con una muda en la mochila. Y un bigote postizo.
 Cruce el parque con mis zancadas un poco más cortas. El polideportivo bullia de color y milongueridad de la buena.
Con  el regreso por delante entré en  un bar, pedí  una cerveza y me dieron el litro que reservan a los turistas alemanes.
Tendría que haberme sacado la trenza. Los ultimos dedos del jarron los tome calientes.
Al otro día volví a las tres de la  tarde a ver si encontraba a la muchacha de los ojos grandes, parado en el centro de mi eje Catuliano, con la chaqueta,  poesía al hombro y un cansancio resacoso encima.
 La pista estaba llena. Algunos apuraban las tandas o descansaban al lado de sus maletas para volver a sus ciudades y milongas habituales hablando de lo bueno que había estado todo. De lo bien que lo habian pasado.  Saque a bailar a las mismas muchachas. Sin el toque Lem el baile me pareció soso y desabrido.
Un tecladista se puso a tocar tangos y valses que sonaban a Chopin. Mire a ver si acaso.
Pero no.