viernes, 28 de agosto de 2020

EXÓTICO TILINGO DE BARRIO DE ARRABAL PRIVATIZADO(Comentarios de libros, por A. Gurrietes Borges)

A lo largo de mi carrera como crítico de libros imaginarios, pocas veces me he topado con algo tan inasible o inabarcable como el nuevo mamotreto que Editorial El Croto publica hoy, luego del consabido encuentro orgiástico con el que editores y erráticos «literatos» se solazan desde hace días.

Que me hayan mandado en preventa digital el ejemplar, firmado y dedicado por el autor Atilio Pichiles Miral es un detalle. Sospecho que soy el único y asiduo comentarista que se toma el tiempo de leer cada uno de los bodrios que la editorial vende, a veces con pingües beneficios. «De no ser por su enfermizo tesón, esta empresa, que comenzó siendo el juego de dos enamorados de la literatura bizarra, pronto se habría extinguido. Gracias a su empeño podremos seguir publicando otros autores desconocidos». Me escriben en una tarjeta con descuento para  futuras presentaciones literarias. 

Nobleza obliga. Y más teniendo en cuenta que este blog siempre tiene calidad y  nunca dinero para pagar a sus escritores. Pero basta de quejas. Vamos al lío. Y si puede colabore con alguna donación, che amable lector. O contrate escritos fabulosos a precio de saldo.

¿Qué es Exotico tilingo milonguero de barrio de arrabal privatizado? 

Llevo intentando saberlo desde hace una semana. Una primera lectura parece decantar la obra hacia un poemario fragmentado. Si no fuera porque debajo de los títulos de cada poema no hay versos, sino una palabra que contrapesa la página. Tomemos como ejemplo el que da titulo a todo «esto». Ocupa la página 54, tal y como lo escribo aquí:


EXÓTICO TILINGO MILONGUERO DE BARRIO DE ARRABAL PRIVATIZADO

                                                 sanguchitate

                                                        -54-

no se aprende así, solo el aire, aprende,aprehende, aprehendeee                 NO.-55-


Como yo, estarán ustedes mirando la página con la cabeza apoyada en las manos intentando en vano adivinar que acción corresponde a este imperativo inventado. Como yo estarán haciendo un supremo ejercicio de imaginación para completar todo el aguafuerte que Miral intenta hacernos llegar. Una nada, un vacío, calles cerradas en una ciudad ignota, pastos a la vera del camino, pasos, la exclusión. 

Como yo pensarán en Bretón, pasaran por Borges,  se recostaran en Joyce, intentaran digerir este bollo amasado por Luy —que es el más accesible— en el complejo enigma Miraliano. Como yo se extraviaran. 

Los contrapuntos de Pichiles Miral son imposibles. Exigen e incomodan, obligando a ejercicios mentales que en vez de derivar hacia una lectura plácida redirigen constantemente a la migraña. Porque el mundo de Pichiles Miral es estridencia con lagos ocasionales de amnesia pervertida. Allí donde otros autores incitan al cabeceo lento y al sueño, se para Miral con su palabra horrenda, obstinada. Con su literatura de fiebre. 

«Te coherento, iras al baño machuco                                                                   que pena,                                                                   Hum,carmelia!C                                   tanto traje                           tonto trajo.»

Intento seguir un hilo de coherencia, pero cada una de las páginas del libro escapa hacia otro lado. Como bailantes desbocados las piezas que conforman este rompecabezas no se unen. Apunto aquí otra artesanía en este segmento (que se autoreplíca por todo el libro, junto con otras que ya explicaré, si la demencia no me atrapa antes) de la obra.

«Hay veces que en la tanda...»

Escribe el autor. Deja cinco líneas en blanco y retoma:

 «Al prepeado de lleno en la clávicula y un pure ya quisiera pelucando el olvido. Cuando vino mejor tinto

                           baño tal vez       Chino rizzetti que en tu defecto

                                                            (caja baja para ese energúmenos)

                                           hermosamente desfigura el tango con Maricel

que grata cosa ver                                                      y un tacazo al tobillo par que aprenda.»

¿Es, acaso, un intento de asentar cual si el protagonista fuera un telépata, los pensamientos de la ronda? ¿La forma impresa de la cadencia de una pareja? ¿Los babeantes entresijos mentales de un borracho que, al costado de la pista, intenta asimilar lo que ve? ¿Un corrector tipográfico mal pagado? 

Quien sabe.

Todos estos poemas desesperantes no llegan a ser ni la cuarta parte del libro, que recuerda a ese clásico moderno del terror, La casa de hojas de Mark Danielewski. O a Rayuela, de Cortazar. Incluso a ese precursor único de la Ciencia Ficción que fue Alfred Bester con esos raros bloques de letra en movimiento en su notable Las Estrellas, mi destino.

Cuando uno tiene la mente preparada para enfrentarse a la siguiente página todo cambia, tal y como sucede en la realidad en estos días. Quise buscar una posible explicación al todo en la reclusión. Pero me falló. En otros segmentos—No hay algo que parezca un capítulo— se ven fotos viejas del autor sosteniendo versos o escritos absurdos, que luego compone con páginas de periódicos antiguos. O  utiliza esos bosquejos versificados —Hay, y eso es lo peor, fotos— para limpiarse las nalgas.

«La historia me hizo. Y yo hago lo que Quiero

                                                  (Te amos, Mar TI ta)

Tocaba Dárienzo y la invasión de los pataduras submarínos se vio desverquijada por la llegada del mundial y la telesucción a color.»


Con una impronta surrealista, Miral sigue directo hacia el desvarío y desde la glorieta que domina el laberinto nos hace señas para que nos acerquemos. Y cuando estamos mirando hacia arriba, nos brinda con un escupitajo en medio de la cara. Vuelvo al libro.

«En ese entonces —ese, y no el de la vereda de Damira Ruñon que casó  ce con un bailarín de preventa con saginata y la salída lateral desactivada ! . ¡ Compensaba al centro con estornudos )desdichado(— 

llegamos a contar hasta 800 maestros en la ronda del club, de unos digamos, ochenta y cuatro ganchos cuadrados. 800 maestros. ?Se imaginan¿

Y eso me lloran, las pestañas, para doce parejas. 

¡Qué impotencia! cuanta desprotección por parte del;  saber ausente. 

»Milongueros mercenarios, bailan rock y bailan cumbia

cön su compás inquietante todo lo bailan igual«

  Una milongueros gran letra  mercenarios ese de insigne poeta de la milomguarida, que a edad temprana ya se hacia querer"" mostrando los billetes Jaco Proti: mil om guarida

Así bailaba asiaasí.»


Los signos de entonación y los tildes son tal cual los pongo. Uno puede pensar que la intención de Miral es asentar con signos tipográficos erróneos los mismos movimientos que veía en las pistas. Pero a la página siguiente, en espejo y con dibujos que resiguen las palabras, vemos complicados arabescos que concatenándose con comentarios en un cuerpo casi invisible de letra huyen hacia otras páginas o inician un circulo donde se lee la noticia de arboles milagrosos que curan las estrías si se machachan sobre lavadoras caseras que se activan bailando.

Estas «erratas intencionales» se ven por todo el libro. Interrogaciones o exclamaciones cerradas al principio y abiertas al final. Expresiones como Milonguarida o Habsturro, que figura cinco veces en la receta del fricandó a la criollita, son frecuentes. 

Huelga decir que ningún ingrediente de la receta(aproppiadespuesde Osvaoldus, el piranista) se puede comprar. Y que Miral apela a su propio lunfardo, con un diccionario aún más inexplicable que el abstruso termino.

«Habsturro: Amascope de barsuriente.»

Todo un libro, y permitanme utilizar otra vez el adjetivo, desesperante.

Tal y como indica esa aberración que han puesto como portada.

¿Es la obra de Miral un manuscrito Voinich moderno o una basura elaborada?

¿El exótico tilingo es el propio autor, burlandose de sí?¿O de mí?

Como no podía dilucidar que estaba leyendo en mi libro electrónico me fui a una librería para cotejar con la edición en papel. No sería la primera vez que una maquetación casera apresurada y saltos en la tipografía y en las páginas desvirtúan un libro.

En versión papel la cosa es peor, si cabe.578 páginas edición de lujo y con saltos imposibles en tipografía y desvarío. A precio de oferta: 28,98 euros.


Lo ojee y pretextando un mareo que luego dejo de ser pretexto me fui esquivando gente con mascarilla. Hasta me pareció que llevaban la salida lateral desactivada.

Y ahora, cuando son las tres de la mañana y ni los milongueros mercenarios rebeldes, esos aristócratas del vaso y cuerpo de élite del fracaso se oyen allí abajo, intento todavía comprender que carajo —en el mal sentido del término— escribió Atilio Pichiles Miral.

Insomne, no lo logro.

miércoles, 26 de agosto de 2020

BREVE SAINETE CON MILONGUEROS REPELENTES

 LO OUT Y LO OUT.

Bajo los árboles se aprecia el lento descenso de temperatura y día. El patio al que solo le falta una parra acoge la práctica. Cual si fuera un encuentro de vecinos en esas remotas calles de la infancia que solo se mantienen en la memoria. Al aire libre se baila, como alternativa sanitaria a la pandemia. Sentados a una mesa alejada, desde donde pueden criticar el baile y admirar a las muchachas con  la sempiterna copa de blanco al lado, los deleznables personajes que nos ocupan: camisetas negras de festivales idos y pantalones claros sin llegar al tono blanco isla, que resalta cualquier torpeza o mancha propia. Aunque no lo saben se los conoce como Ordovisico y Silurico. En la pista casi llena, con mascarilla y distancia preventiva, se mueve el tercer amigo e integrante del grupo «repelente» Roberto, el Cretinico.

—Pensar que hace un año estábamos en la playa, enseñando a las pibas, ¿Te acordás Marcelo?

—Que tiempos aquellos en que eramos los reyes del mar. Cuantas pebetas aceptaron nuestras «enseñanzas» jeje. ¡Cuantos consejos a los pies tiernos! Y de todo aquello lo único que queda son recuerdos y  estos pantalones. Tocá, tocá. Parece que estuvieran hechos de aire.

—Un poco bolsa me parecen. Pero para mantener el contacto son óptimos.

—Aparte multiusos. Ya te sirven para bailar en la playa en matiné o ir a reventar manifestaciones cuando se ponen a protestar esos milongueros bolcheviques arruina todo. Tendrás que haber ido el otro día cuando nos juntamos con los honorables. ¡Los sacamos corriendo!

—¡No! ¿Vos corriendo?

—Bueno, yo alentaba. Vos sabés Dulio  que desde que tuve ese problema del corazón por  las pastillas azules de la felicidad no puedo andar a los trotes. Así que mi papel en estas sanas propuestas democráticas se limita a espolear a nuestra juventud. Ellos, ya con el ímpetu, desparraman a esos comunistas..Tipos fuertes, tipos duros.

—Si, Sí que se ven compactos. Aunque no soy de ir a esos eventos porque me pone un poco nervioso el entusiasmo que llevan encima. Están tan ansiosos que les tiembla un poco la mandíbula. Son como Cuchulain cuando le agarraba el furor del combate y se hinchaba.

—¿Quien? ¿El Cocho Lain? ¿Ese de donde es, de la peña Caracú?  ¿De la selecta hermandad de los hermanos de la costa y el taco francés?

—Un poco más viejo.

—Volviendo a los muchachos ¿Cómo no se van a poner así?¿A quien no le tiembla la cara y las entrañas con tanta desfachatez?  Mirá que hacer una milonga donde encima se cambean las parejas con promiscuidad y sin importarles si hay virulidad o no en el aire. Son todos unos insurrectos. Los mismos que junta firmas protestando por la intachable conducta de Vuesa excelencia..

—Unos jipis, jipis  que quieren chupar de las tetas del supremo por divino mandato. Ponele coma si querés o no. Todo el día panza arriba y sin cultura del laburo. Ya íbamos nosotros a flojear como estos. Nosotros que nos hemos caminado clubes para enseñar el arte. Ahora cualquiera se cree profesional y ofrece clases  y a uno que lleva años con el tango no lo reconocen. «Esos pasos que nos pasa usted abrazado al escobillón no no salen y en la pista no funcionan» ¡ Pero váyanse todos a hacer un tutorial de como hacer pastafrolas!

—Es que estamos en una nueva fase del orbe mundial. Hay que hablar de negocios. En estos tiempos de cambios hay que pensar a lo grande. Negocios por la computadora. Porque el negocio ahora está en los cosos sociales. Yo ... Este pantalón forma parte de un ambicioso proyecto. —Se levanta trabajosamente de la silla y se pone de espaldas levantando un par de nalgas con apariencia de globo de cumpleaños a punto de expirar—  ¿Que tal?, ¿Que te parece?

— Tienen una caída rara ¿no?

—El bolsillo. Los flecos pasalos por alto. Mirá el bolsillo bordado.

—No traje los de contacto y no veo muy bien. ¿qué dice?

Marcelingui Milonfashion. No se lee bien porque la que lo bordó  es insurrecta. Pero ahora conseguí un muchacho bordador que  arreglo con clasesitas y algunas monedas. El asunto es que por un contacto me enteré que esos de Todo milongueros están rematando material porque no les va nadie. De regalo están. 380 mangos por dos lotes de pantalones con fallas mínimas. Adelanté veinte para señarlos pero me quedé sin resto. Ponele que al pibe para los bordados le damos 15 y ya por eso te sube el valor a 200 cada pantalón. Negocio redondo. Cuando abran los festivales paga solo. Una bicoca. Recuperamos la inversión enseguida

—Hay dos frases que me chocan: «Cuando abran los festivales» y «recuperamos».

—Es que esto es un asunto de dos. A Roberto no le quiero decir porque está endeudado hasta la camisa por el poker Online. Aparte se empeda con cualquier cosa y te deja mal.

—Que pena estar en decadencia. Y eso que era el mejor de nosotros. Pero es el vicio. El vicio y las malas compañías. Las malas compañías y esas actitudes amarretas. Mirá la cara de la piba con la que baila. Un poema. Enfin Marcelo, en otras circunstancias te hubiera hecho de socio. Pero ahora...

—Es temporal Dulio. Tengo el link de clases virtuales bloqueado. Y eso que era bueno.Estoy esperando que me lo vuelva a piratear mi sobrino. Ahora lo único que me llega por ahí son quejas. Se quejan de todo.  Fijate que hay gente que me acusa de que cobro  las clases y  no las hago. ¿Vos podes creer?

—Justo a vos, que te partiste el lomo para enseñarles el orillero a estos ignorantes. Por eso hago pocas clases de esas. Los locales te tiran a matar. Por eso me avivé y ahora estoy en la grande. Montando festivales online con reconocidas figuras, para los mercados emergentes.

—Por una vez, una sola vez que me agarró un cólico y no pude hacer la sesión. No te perdonan nada. No te perdonan nada. Ché, ¿y eso cómo es? ¿estás de productor de algunos artistas?

—Vos me haces reír las caries Marcelo. ¿Que artistas? Todo es cuestión de Marketing, cartelitos y vestuario. Pones en las redes un afiche con bailarines notables, un link para pagar con tarjeta y olvidate. El festival se paga solo. Te lo compran en masa.

—Pero ¿Que haces? ¿pones videos de los famosos? No entiendo.

—Vestuario papá. Vestuario, pelucas y fondos diferentes. Los hago todo yo y Marita, si anda por casa. Los interpretamos. Como con la cuarentena no se puede salir es cuestión de amueblar diferentes «casas» Cortinas, iluminación diferente. Ponés cartelitos que digan Paris, Buenos Aires, San Petersburgo. Alguna voz grabada que diga ui ui, mascalzone  Arigatous para dar ambiente de calle. Lo demás es cuestión de actuación y de montar las fotos adecuadas.Sugerentes.Hay que mostrar un poco. La libido. Hay que reinventarse.

Levanta la copa y trata de ver el color del cielo en el cristal, pero solo se aprecian las marcas de sus dedos, untados con el alcohol en gel. Cada tanto el organizador los mira desde la mesa del equipo, recelando. La nevera de donde sacan la bebida se nota mucho.

Silurico vuelve a hablar con el hálito un poco vinoso.

— Que mal que se baila. Que mal que se baila. Claro, ahora todo lo achacan a la inactividad. Pero es otra cosa, es otra cosa. Este mundo se va al carajo. Ya no hay respeto, ya no hay respeto. Fíjate esa descocada de ahí, sin mascarilla y exponiendo toda esa concupiscente superficie a la invasión de gérmenes  patológicos.

—Don Dulio...

Se acerca un muchacho a la mesa de los «maestros» Los dos suben las mascarillas desde la barbilla o el brazo.

—Esperá querido. Con la mascarilla que si no me babeas el vino de la emoción y se encuelan las partículas nocivas. ¿Que andas buscando pibe, algún suplemento vitamínico para la clase? ¿Una cervecita? Para vos tres euros la lata. De calidad. No como las que te estafa el de la barra que son berretas.

—No.No. Es por un inconveniente. Yo pague con la tarjeta el pack de clases en la página y me llegó el enlace. Pero cada vez que entraba me marcaba error y no la pude abrir.

—¿Y a mi que me decís? Eso es problema de Tikefacho, la empresa con la que trabajo, no mía. Tenes que reclamarles a ellos que todavía no se enteran. Yo la clase la dí y más de uno me puso comentarios elogiosos. Mirá si no estas reseñas acá. Esperá que me pongo las gafas...donde estaba... acá: «magnifica muestra de artesanía tanguera y dedicación al trabajo. El Maestro Dulio hace una clase amena y sin duda de los mejores que hemos visto a nivel intermundial» y acá otra «Sublime, venga a aprender el tango con el maestro Dulio, y se enamorará del tango hasta el cogollo»

—Hay mucha gente que no pudo entrar. Anduve averiguando y parece que cada vez que uno hace click en el mensaje de error te cobran dos euros.

—¡Que sinvergüenzas. hacerme quedar mal a mí, que soy un profesional. Ya te lo voy a arreglar. me van a oír esos de Tickefacho.

—Es que la cuenta a la que se desvían los dos euros está a tu nombre. Lo averigüé con mi tío, que es del banco. Ya iniciamos trámites legales con mi viejo, que es fiscal. Vas a tener que pagar indemnización. Las clases mierda ya no las quiero.

—Este, de momento llevate  estas tres cervecitas  para tu tío y tu viejo como muestra de buena fe. El lunes te soluciono todo.

—Mas te vale. Ustedes son la vergüenza de la enseñanza y la milonga. Con la cantidad de profesores de primer nivel y maestros empáticos que ofrecen sus clases y yo vengo a ensartarme con ustedes. Dame seis.

—¿Seis? Me vas a hundir...

—A ver si te compran en la Fachilonga,  ¡Aprovechador!

El muchacho arrebata las cervezas y se va. La pista sigue llena. Ajena al intercambio de palabras.

—Por lo menos nos dejo el brick de dos litros de blanco...

—¿Ves lo que te digo? Abusan de autoridad. Claro, como este es de familia poderosa se cree que puede llevar, así como así,  la fuente de ingresos de unos pobres laburantes como nosotros. Insurrectos. Son todos unos insurrectos. Poneme un poco más de vino para calmar el disgusto.

Apura la copa de un trago dandole la espalda al de la barra.

—Ahora sí. Entonado me voy a marcar unos Darienzos. con la de la mascarilla Minnie para darle celos a aquel.

—Andá nomás. Yo cuido la parada.

Ordovisico sale a bailar, aunque el verbo en su caso, es ostentoso e impropio.  Avanza con agilidad y sin técnica, pisando claramente desfasado.

—Así, Así. ¡Humille maestro! ¡Abrile cancha Roberto que se arma el duelo! ¡Sólo! ¡Sólo! Silurico va avanzando hacia un estado de entontecimiento etílico que le impide ver que Roberto descansa tendido al costado de la pista como un perro en verano. Tampoco aprecia al hombre de negro que acaba de traspasar la reja de entrada hasta que lo tiene encima

—Dulio.

—Chamboni...¡que sorpresa! ¡cuanto bueno por acá!

—Escuchame Dulio. Me han dicho que organizaste un festival virtual. Que pusiste mi foto y la de Los Cochís en una promo retocada para los países de oriente.

—¿Yo? No. ¿Quien?... ¡se habrán confundido! ...Los harkers... Andan pirateando cuentas en face. Poniendo comentarios ofensivos, gente en culos y esas macanas de la nueva política... mucha avivada, ¡Hay que andar con un ojo!

—Mirá Dulio. Vos a tu nombre hacé lo que quieras. Te ponés pelucas, montás shows eróticos porno decadentes. Lo que se te ocurra. Pero No uses más mi imagen. Y  menos poniéndote esa peluca color paja y  taparrabos de Tarzán porque te voy a partir el lomo de un botellazo.

—No es lo que pensás, es un homenaje. Un guiño complice...

— ¿Entonces lo hiciste? ¿Me confirmas que hiciste con mi nombre ese festival de transformismo tanguero pulgoso?

—Eh...

—¿Que te crees que porque están lejos los coreanos o los ingleses no se enteran? Como vea otra vez que suplantás mi identidad voy a traer esa camisa que tiene tablas y la voy a planchar a temperatura algodón sobre tus mondongos. Ya hice la denuncia. Agradecé que no te bajo la postiza porque estoy en zen.

—No-. No. Será una equivocación. Vos sabes lo que te respeto...Yo nunca...

Chamboni le patea la nevera, que al abrirse derrama en el suelo el contenido del brick de vino. Silurico se apresura a poner la copa, arrodillado en el suelo. Apenas salva dos dedos. Roberto que observa a su amigo desde el suelo se endereza acercándose hasta donde quedó la nevera sin bebida.

—Che, son terribles ustedes. No dejaron nada del néctar de los dioses.  Que vergüenza Dulio, arrastrándote por el alcohol. Si te vieran los del club Copetin y Sacadita. ¿Tuviste algún problema con Chamboni? Me pareció que estaban discutiendo.

—Cosas del protagonismo. Me quería cobrar por los derechos de mi festival virtual Marealonga Laividoll Especial. Con la crisis se aprovechan.

Termina la tanda y suena casi tapando los murmullos de conversación un rasgado. O más bien un desgarrado. Marcelo, conocido como Ordovisico vuelve caminando de cara a la pista sujetando la entrepierna por la que asoma un slip desteñido.

—Muchachos... ¿alguno de ustedes tiene por casualidad aguja e hilo?