martes, 23 de febrero de 2021

DE COMO ZORRO PERDIÓ EL COMPAS - UN CUENTO TRIBAL DE LA VIEJA MILONGA

— ¿Saben como el Zorro perdió el compás? —dice el Indio Martín mientras protege estas líneas con un dudoso amuleto atrapa sueños. Vamos al país de Oc, en el Tango móvil apóstata de Diógenes Pelandrun, buscando a mi padre, presumiblemente desaparecido por buscar el Go de oro.

—No. Cátulo está ensimismado y el muchacho detective no aporta mucho a la charla, Así que contá Che Martin. —responde Diógenes.

 El muchacho detective es Henry Sacmer, entrevistador oficial del blog y detective en prácticas.

Y El Indio Martín cierra los ojos y mientras la oscuridad nos rodea nos cuenta:

COMO ZORRO PERDIÓ EL COMPÁS

Zorro y Lobo eran compadres de Milonga. Lobo inventaba pasos y los dejaba colgando en un cordel para que Viento nocturno los secara y La Vieja blanca le pintara elegancia. Porque un paso fresco puede ser muy imaginativo, pero si no se ha endurecido con la noche y no ha brillado a la luz de la luna, es solamente un paso más que se pierde en la nada.  Compartían mesa y bebida con Oso, Castor y Mapache. Y cuando Polilla ponía esas tandas, ustedes saben cuales, todos se hacían fuego danzando en torno al fuego. 

Entonces Zorro, a quien le gustaba bailar con Oruga decía: «Bravo ha sido este baile. Este cuerpito se va a descansar una tanda» Y mientras los otros bailaban se salía de su sombra, la dejaba sentada a la mesa y se perdía en la densa oscuridad sin música. 

Era un pícaro ese Zorro. 

Iba a lo de Lobo, descolgaba los pasos y los cambiaba por sus pifias hechas en la tarde, al descuido. Pasaba por la cueva de Oso y le cambiaba todos los abrazos cálidos que guardaba al fondo por sus apretones de viejo esmirriado. Se refrescaba en el rio y al llegar al hogar de Castor le robaba su técnica, la misma que usaba para sus soberbios diques, dejándole en reemplazo algunos garabatos de calentamiento pobres de ejecución. Y a su primo Mapache le robaba la limpieza de los pasos. 

En la milonga los amigos veían la sombra quieta en el asiento y decían: «Pobre Zorro, de tanto bailar se ha dormido. De tanto contar chistes, nuestro buen Zorro se cansó y está soñando ¡Que buen tipo es Zorro! un amigo estupendo, el mejor milonguero de todos los que han existido».

Y aunque equivocados, puede que tuvieran razón.

Zorro volvía a la milonga en una de esas tandas poderosas y mientras todos estaban bailando se metía en su sombra, simulaba despertarse, se desperezaba y asegurándose de que todos lo vieran comentaba en voz alta: «¡Que sueños he atrapado! Bailaba cosa buena con Zarigüeya, Ardilla, Marmota y Alondra. Pero en mi sueño vi a la magia mala. Se cuela en los lugares nuestros cuando estamos aquí, en torno al fuego. Quise ahuyentarla agitando mi cola cerca del abismo, pero no se engañó. Es mala magia y casi me traga. Rodamos juntos esa ladrona y yo. Con las patas le arañé algo de lo que ha robado, hermanos, pero es brava y al irse se llevó el baile mío. Si me ayudan prestándome un poquito cada uno iré a buscar a la ladrona y le daré en los dientes y en las manos cuando se asome otra vez la vieja Blanca».

Se lo dejaban, contentos y seguían bailando, porque el buen hermano Zorro era un guerrero fiero. Y no iba a dejar que la magia mala siguiera robando cosas.

Así hacia Zorro. Y cada noche contaba como  la magia mala se le escapaba saltando delante de su hocico como un grillo. Y mientras los demás iban bailando peor, Zorro se lucia. Bailaba con Zarigüeya, Ardilla, Marmota y Alondra. Y ellas sentían el abrazo del oso, la perfección de la técnica de Castor, La economía y la limpieza de Mapache y sobre todo el brillo de la luna en los pasos de Lobo. 

Y decían: «Zorro es un guerrero fuerte. Todas las noches pelea con la magia mala y casi le gana. No hay nadie que baile como Zorro. Yo lo abrigaré para que no lo trague la nada mientras guerrea». 

 Zorro, sin esforzarse,  tenía las mejores comidas y siempre podía dormir acompañado en una tienda ajena, mientras los otros animales hacían lo que podían, con sus cualidades menguadas.

Se habían acostumbrado a la sombra quieta en la silla. Y después de una tanda penosa comentaban: «Es esta Hechicería mala que nos pone así. Pronto nuestro Zorro, que tiene el alma grande, le sacara las manos y los dientes. Dejemos dormir a nuestro amigo para que le pelee en sueños a la ladrona». 

Y le convidaban de su vino y su comida para que pudiera pelearle fuerte a la magia mala. Y bailaban junto al fuego hasta la última tanda, sin arte y con alegría.

 Los animales viven, sin más cosa que vivir.

Así era Zorro, así eran los otros. Así son los cuentos. Y si piensas que la realidad es otra cosa, recuerda cada historia que has escuchado cerca de algún fuego.

Una de esas noches Cuervo voló temprano, antes que Lobo y Zorro llegaran a milonguear.

 «Tengo asuntos con Viento Norte. Mi hermano viento es puntual» dijo Cuervo. Y volando se fue a esperar a Viento en la rama más alta del roble viejo de la encrucijada.

Así fue como vio desde la altura a Zorro entrando y saliendo de cuevas ajenas con su bolsita en el lomo. Hasta que se quedó en la de Oso. Y pensó: «Ahí va el Zorro fantasma del sueño a sacarle los dientes y las manos a la ladrona». 

Cuando llegó Viento Norte se pusieron a hablar de esas cosas del aire, los pájaros, el secreto. Y Cuervo habló de la magia mala. Y Viento dijo: 

«La única magia mala que hay es Zorro. Ese bribón me encerró una vez en una cueva y se llevó mi aliento. Ahora ni las hojas me temen. Voy a dormirme al río. Si Zorro está ahí dentro mira lo que hace. Y veras».

 Cuervo entró con sigilo en la cueva. Y por más que miró, Cuervo no vio a la magia. Solo vio a Zorro y Osa hija, juntos en el lecho de abrazos de Oso. Y sin que lo supieran, se llevó la bolsa de zapatos en donde Zorro guardaba todas sus fechorías escondiéndola bajo sus alas.

 Volvió volando a la milonga hasta donde estaba la apariencia de Zorro y hurgando con el pico se dio cuenta que solo era una sombra.  Zorro no había robado nada a Cuervo, pero era justo, por el bien de todos, que se acabara el engaño de la magia mala. Así que cuando terminó la tanda subió Cuervo a la encina que se caso con el rayo y dijo graznando fuerte:

«He visto a Zorro peleando con la ladrona. Tan brava está la lucha que se han escapado del sueño y ahora nuestro amigo ha pedido a su alma que lo ayude. Quise ayudar, pero Zorro no me dejó. Dijo: «Esta noche le sacaré los dientes y las manos a la ladrona. Para que no vuelva más todos tienen que bailar magia burla para distraerla. Así le podré sacar todo su poder. Eso dijo el valiente Zorro». 

«¿Y como vamos a hacer eso, hermano Cuervo?», preguntaron los otros.

El Cuervo hurgó con el pico y se metió en la sombra, animándola con sus movimientos. Después salió a bailar con Lechuza, imitando a Zorro.

 Cuervo apenas podía bailar sosteniendo tanta sombra con sus patitas flacas. Y los amigos se partían de risa con los pasos mal hechos de Cuervo, en esa sombra ajena, que le quedaba grande. Cuando terminó la tanda se metió Alce y le faltaba sombra por los lados, así que la estiró un poco con los cuernos. 

Uno a uno fueron haciendo magia burla con la sombra mientras Cuervo graznaba: «Zorrito está ganando. Sigamos bailando magia burla». 

Y como estaban alegres se pusieron más alegres con alcohol. Y siguieron bailando.

Tan borracho estaba Cuervo que se cayó de pico y la bolsa con las cosas robadas se le escapó entre las alas. Búho, vio la bolsa tirada y dijo:  «Zorrito está ganando. Su alma nos manda lo perdido. No debe tener ya dientes ni manos esa mala magia».

Los animales, exaltados y medio borrachos se abalanzaron sobre la bolsa y cada cual agarró lo que pudo. Es por eso, según dicen los antiguos, que el baile de hoy es una mezcla que lleva un poco de cada animal. Y dicen también que el último en usar la sombra fue Oso, que en el apuro por recuperar sus abrazos la desgarró un poco con sus zarpas. 

Ahí se quedó la pobre sombra de Zorro, desgarrada, estirada.

Zorro volvió mas tarde, apurado. Al no encontrar la bolsa con las cosas robadas, supo que habían descubierto el engaño. Quiso entrar en su sombra. Y la sombra se le resistía.

 ¡Como se revolvía el pobre Zorro peleando con esa sombra borracha y despareja!  ¡Que susto pasó por sus malas andanzas! 

Un rato más tarde la sombra, cansada de tanta lucha y alcohol, se durmió. Y Zorro pudo por fin meterse adentro, aún con miedo en el cuerpo y la voz. Todos lo felicitaban por sus combates bravos con la magia, pero Cuervo no.

 Y Zorro, escarmentado, no volvió a salir de correrías. Hasta el día de hoy, tiene esos movimientos nerviosos, repetidos. Y salta para cazar a su presa porque su sombra siempre quiere escaparse. Y baila sin compás, como luchando en esa sombra que no parece suya. Y no se sabe cual de los dos es más sombra.

—¿Es un relato ancestral de su tribu adaptado para la milonga? 

— Mi tribu somos Pétalo de Nube, mi caballo Corsini y yo. Y a veces
las empleadas de mi Sauna-Tienda de sudación. Si los ancestros de mi tribu escucharan esto me quitarían el cuero. Literalmente. Pero a los clientes les encantan estas lecturas mientras esperan
 los tratamientos de mis empleadas o la terapia de nuestro Hombre medicina.

 Aunque con estas cuestiones de los cuentos y las sombras, nunca se sabe —dice Martín.

—En eso tiene razón. Con las sombras nunca se sabe. Y con los zorros tampoco —dice Pelandrún. Y mientras avanzamos en busca del Go de Oro y Clemencio, Diógenes pone en la radio su programa favorito: Tiempo de Tango