martes, 3 de agosto de 2021

SERES MÍTICOS DE LA MILONGA: EL «MIL CARAS»

 Entre los seres que pueblan la imaginería popular milonguera destaca uno que suele manifestarse en aquellos festivales o maratones con profesores de renombre y pocos hombres entre aquellos apuntados a las clases matutinas. Se le conoce vulgarmente como Mil caras, por su apariencia multiforme y unas horrendas gafas de carey que ocultan sus ojos y provocan pesadillas en las muchachas extranjeras sin pareja.
Su comportamiento se describe como Síndrome del milonguero editado. Veamos algunas de sus características.

Se trata de uno o varios sujetos que se autodenominan «expertos» por acumulación de clases en encuentros veraniegos. El tipo de «bailarines» que no aprovechan ningún saber ni desdeñan jamás la ultima copa en esos disputados encuentros de verano en los que requieran servicios tempraneros como taxis de favor o a bajo costo. 
Suelen ser correctos en la primera hora del primer día del festival y a medida que avanzan las noches, las copas, el jolgorio, el descontrol y la resaca se manifiestan con otras apariencias e incluso otras formas de bailar, casi todas llenas de manierismos y marcas bruscas. Las muchachas extranjeras, sus víctimas habituales, solo recuerdan de su apariencia unas inmensas gafas de carey con el cristal ahumado, que suelen traer a pares, para prestar a conocidos o víctimas solícitas que caen bajo su influjo y se prestan a suplantarlo gustosos  mientras este ser duerme tranquilamente su resaca hasta la última media hora de la clase, momento en que —previo convenio con el falso que toma la clase—, aparece para la foto grupal, con otra vestimenta, como es lógico. 
Si le preguntan dice haberse cambiado en el baño por culpa del sudor.  
Luego de la comida, embotado aún por el exceso, se hace condensar la clase y la figura por el amigo o persona bajo su influencia, pidiendo un resumen, un editado del saber de los maestros, que completa con su propia nublazón mental.
En cualquier foto grupal, en cualquier grupo donde se vea gente de nivel y calidad siempre aparecen las gafas que causan pesadillas. Mil caras está ahí, una figura ostentosa, amenazante que desplaza a la pista un surtido repertorio de malas posturas, vicios y defectos, campando a sus anchas por la ronda, ya sin gafas, ajeno a la labor que le ha encomendado el organizador ingenuo, labor que delega en aquellos seducidos por su influjo, que toman y le cuentan las clases.
Se sabe de Mil caras, con el síndrome muy avanzado, que han puesto academia y han enseñado con el aval de los diplomas de asistencia a Masterclass o las fotos de grupo, colgadas en la pared de la habitación que usan como aula. Y también de algunos que cuelgan en sus redes vídeos de exhibición perfectamente coreografiados por el dedo y la pericia de un sabio multimedia. 
Sus alumnos(otras víctimas) solo sacan de su paso por el tango una buena foto grupal en la que destacan las gafas de carey en brillo satinado,  en la primera o la segunda clase, antes del desengaño.
Y si bien la marea de los buenos docentes lava con creces la labor de los Mil Caras, hay veces en que se ve en la ronda alguna pareja tirando al aire tangos sin alma que son como los editados de promoción de su maestro, ese mítico y repulsivo ser con gafas de carey.