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miércoles, 14 de agosto de 2019

La sombra del amor en una hoja - Por Catulo Bernal

"No hay una noche que no baile en sueños  sobre la pista en que nos despedimos. En mi sueño no hay otros que nosotros. Hacemos durar el siempre abrazo y todas los destinos se cierran protegiendo nuestros cuerpos. No hay otros que nosotros. Amándonos a tiempo" digo.
- Deje de gritarle a los fantasmas, Bernal. Que esa mujer y el marido hace tiempo que se fueron. No ve el polvo, las facturas y las propagandas viejas? - me dice Luconi, apuntando un cañón de cartón, nueva arma en la guerra delivery contra la super tienda "Todo milongueros", que funciona delante de la cerrada "Todo para el milonguero" que era el hogar del amigo Divino y Helena.
Helena... donde te has ido? y para que que vuelvo! Helena sin barcas niceas. Con  tanta palabra y  a destiempos...
Miro por la ventana y solo veo un maniquí a medio vestir con el peluquin lleno de polvo.
La tienda abandonada no me deja ni el consuelo de verla feliz. Error de haber venido.
- Che poeta, conecte con el ahora y haga algo productivo!
- Algo productivo? Algo productivo? - Digo  buscando en los cristales sucios alguna luz que se encienda.
- Necesitamos municiones, piedras, excrementos, basura arrojadiza...Ahora que están en hora punta vamos a probar el cañon Cachafaz contra el techo de vidrio. Se van a enterar esos - dice Vieytes con la cara de un niño psicópata al que le han regalado un juego de química.
No ven cuando me voy hacia el sol moribundo.
Arrastrando los pies y los recuerdos llego ya noche al bar "Roñoso"
El Pibe Pergamino y Diogenes Pelandrun  me miran largo.
-Hoy es la milonga de gala tango Meeting y te hace falta" dice Pergamino con el ambo y los zapatos preparados. Y el filosofo, que se prende en cualquier jubileo  dice - Vamos a bailar, aunque sea para alegrar el traje.
- Pero si no baila...
-  Si la ocasión lo requiere soy capaz de bailar estilo Gardel, hombro y pies en cadencia.
Me acompañan al Hotel Tenebrario, mi barato y embrujado hogar. Esperan que me duche y seleccionan una chaqueta veraniega sin manchas de vermut o de festejos. Comemos unas tapas en el  jamón Canario y desde ahi nos vamos al Hotel sede del Barcelona Tango Meeting, que organizan Graciela y Osvaldo los veranos.
Pasando los zapatos y los vestidos de la entrada bajo la sugerente luz y al costado de la barra donde Pelandrun se apresura a pedir un vino blanco enfriado en la cratera, se abre la gran sala señorial con suelo ajedrezado que a las once, hora local, esta a rebalsar. La milongueridad de Barcelona, organizadores, aledaños y bailantes veraniegos  casi se caen de la ronda sobre las mesas y la triple hilera de asientos llenos. Hay  mucha expectativa. Se viene una exhibición suculenta y la poderosa orquesta rusa "Solo Tango"
Los dueños de "La Yumba" eligen bien la banda musical acompañante y envolvente.
Nos sentamos de espaldas al grifo cervecero, al costado de un dibujante  que capta en caricaturas el espíritu de las parejas y la pista con precisos trazos de carbón y acuarela en gris.
Pergamino, fiel a su costumbre, sale a bailar a la aguerrida pista. Al fondo en el escenario los instrumentos aguardan. Los que no bailan, también.
-Este muchacho Pugliese es bueno - dice Pelandrun, acercándome un chardonay
-Esto que suena es Fresedo.
- No. Hablo del dibujante. David Pugliese. Un trabajo tan fino y sutil como el del maestro Osvaldo.  Tengo ganas de hacerle hacer una caricatura para colgar en la pizzeria.
- Con la toga de Sócrates o Platon?
- Como la pibada joven siga alargando las camisetas por ahí se ponen de moda. Pero no. Me va más el rocanrol o la oscuridad extravagante  que se amolde a mi antojo. Aunque con el barril de Diogenes, lleno de cerveza también me sirve.
Mis pensamiento divagan hacia los recuerdos. Tanto que siento en el aire y muy cerca la identificable fragancia de un perfume que mi invisible álbum de ansia con marcas guarda.
Pero no pertenece a Helena. Estoy seguro. Ni a la muchacha de los vestidos floreados que nunca llegaba.
La ultima vez que sentí esta mezcla fue cuando vi a la mujer que se había convertido en la viuda del Tucumano Pastura, por el que remontamos el corazón de las Tinieblas milongueras(Ver blog. El Corazón de las tinieblas milongueras.Epilogo sentimental)
Esta sentada entre una pareja que posa para Pugliese y nuestra mesa. Ahora su vestido y su cara tienen colores que en el duelo se habían perdido. Nos saludamos. La oportunidad y la compañía son adecuadas, como diría Marlowe. La música completa la ocasión. Suenan los primeros compases de "Una vez" . La invito cortesmente hacia la pista.
Bailar. Bailar sustituye los pasados, las explicaciones. El abrazo es ahora. Tiene el poder de amortizar las penas y aclarar los posibles. Nos quedamos en el medio, derivando mar sereno entre algunos bailarines aguerridos. Se acaba "corazón encadenado" y la tanda. Nos quedamos parados, mirándonos y esperando la siguiente.
Como la pausa es grande nos damos cuenta al mirar hacia el escenario que al lado de los instrumentos están los músicos de la "Solo Tango". Volvemos a la mesa,  Osvaldo explica que imprevistos problemas  han demorado las partituras y los músicos casi no llegan. Vestidos con lo que tienen y de memoria atacan el primer tango con reminiscencias Piazzolianas.
Tiene tanta emoción y tanta fuerza que malversando el código un entusiasta nos dedica una exhibición no planeada sin inquietar a los respetuosos que escuchan en silencio.
Una salva de aplausos premia a la orquesta.
Y luego, en el segundo tango la pista vuelve a llenarse. Pelandrun, que casi ocupa el lugar mas cercano a ella  me obliga a presentarla. Cuando volvimos de aquella expedición y ella me pregunto por las ultimas palabras de Pastura, yo mentí a esta mujer, diciendo que las ultimas palabras de Pastura habían sido su nombre.
En realidad No se como se llama.
- Se conocen?- Digo - Mi amigo Filosofo Diogenes Pelandrun  eh...nigggnn.
- Soy Nina - Dice salvando el momento embarazoso.
Los dos queremos y necesitamos otra tanda, pero la energía de la orquesta impide un momento intimista. Pibe Pergamino, que solo piensa en bailar invita apresurado a Nina.
 Me voy hasta lo del dibujante y le pregunto:
-Hace caricaturas de parejas?
- Si, por supuesto. Tengo esta plantilla para dos.
- Si me dibuja a mi y de momento  la cara de la mujer la dejamos en blanco para rellenar mas tarde,  no digo  esta misma noche, sino en un hipotético cercano, podría ser?
Me mira sin comprender.
- Le doy mi tarjeta y cuando quieran los dibujo a los dos.
-Es que quiero fijar el momento en la hoja, pero aun no se. Es una posibilidad. Digamos ... la sombra de un amor que no se ha concretado todavía.  Si la cosa funciona lo llamo. Puede ser?
-Como quiera.
-Es más. Mejor si hace como un boceto del fondo con las parejas bailando así fija el momento y su magia. Si. Y me da suerte. A ver si de una vez...
No muy convencido se pone a dibujar haciendo un blanco y negro de la pista con acuarela.
-Deje un lugarcito medio en blanco así le pongo también algunos versos. Pago lo que me diga. Si es tan amable...
- Sonría un poco hombre que esta muy serio...
- Es que no tengo costumbre. Así esta bien?
-Claro, ya que va a hacer una composición que al menos sea sugestivo. No?
Al minuto mi mandíbula comienza a temblar. No soy un buen modelo.
-Ah. Que bueno. Una gran  idea - dice Diogenes Pelandrun sorbiendo su chardonay - Y ahí veo que perfila una muchacha en esfumado.
- Incierta como siempre, Diogenes.
-. "Audentis fortuna iuvat" Pero después no hagas fotocopias para pegarles fotos retocadas con milongueras o bailarinas famosas, He visto algún fantoche que las usa abusando  en las redes sociales. No queda bien. Estética y mentalmente hablando.
El trazo y los pinceles van dejando el momento en una encrucijada de futuros.
Con el esfuerzo de mantener la sonrisa no veo a Nina, que mira por encima del dibujante.
Aun falta mucha noche y las lineas emocionales se bifurcan hacia aguados imprevistos. Espero que el trazo no se haya oscurecido
(continuará)



viernes, 23 de junio de 2017

FESTIVAL "UNA EMOCION" Por Catulo Bernal


Apenas había vuelto del Festival Tango Divino y el ansia tanguera me enviaba a cubrir las alternativas del Festival "Una Emoción" que traía a Barcelona a unos visitantes ilustres: Los Rosales - lujo esporádico que cada año recala en Ciudad Condal - y sobre todo - lujo, lujo, lujo - una de la mas importantes parejas de maestros  bailarines hoy por hoy en el mundo: Mariana Montes y Sebastian Arce - entendiéndose por importancia su alargado influjo en la técnica, la experimentación,  la vanguardia y la experiencia en el modo de entender el baile y la enseñanza. Un Lujo cercano, ya que el festival se desarrollaba a pocas calles del Hotel Tenebrario, mi nuevo hogar, compartido con otros compañeros artistas y buscavidas. Doña Maite, la patrona de  mi anterior refugio decidió que mis pagos poéticos no sustentaban su economía y se subió al alquiler esporádico a turistas, casi sin avisarme. En fin. Una puerta se cierra y otras se abren. Y en el Tenebrario muchas, pues es barato por estar embrujado. El caso es que en mi cuarto junto con mis pocas pertenencias me esperaba la invitacion en sobre de papel marrón alto gramaje, con mi nombre impreso, cosa fina, si se piensa que el aforo de clases y milongas se había completado dos semanas antes. El sobre aparte de contener la entrada y el programa contenia  la guia del tango en Barcelona del amigo Maidanik  y  una lucida carta de bienvenida y agradecimiento bilingüe, con teléfonos útiles y de contacto, lo que visto desde el punto de vista de un turista tanguero  era óptimo pues le ahorraba preguntas, idas y venidas si  solo venia a Milonguear.  El Pibe Pergamino tenia también un sobre con su nombre.  Sospecho que al verme alicaído por mis desencuentros con Helena había intercedido con Santi, Lili o Antonia para conseguir mi entrada. Si no fuera por los amigos...
Mientras bajábamos el sábado a la milonga de gala  por el bohemio barrio pudimos comprobar el alcance del evento. Los locales y los turistas habían aprovechado las clases que habían sido de intermedios y técnica con altísimos niveles - de alumnos y calidad - y  se veían algunos  grupusculos alentando el paso y el abrazo en las callejuelas sin coches. Algún solitario le hacia un gancho a los semáforos y los que no practicaban renovaban energía a golpe de bocado.  Íbamos  con Masayo san, nuestra amiga traductora,  que además de  bailar tenia la intención de hacerse con un modelito "Retanguera" . Siempre compra alguno cuando vuelve a Barna Lisa Rosales. Dejamos atrás la cancela del gimnasio y apenas franqueamos la puerta un fotógrafo nos hizo una instantánea con el cartelón  festivalero de fondo cual si fuéramos estrellas del firmamento artístico. Santiago León y Antonia Barrera nos dieron la bienvenida y  Liliana Tolomei  nos acomodo después de atravesar un vestíbulo y un salón inmenso dedicado solamente a zapatos, vestidos, complementos y moda milonguera en una mesa al lado de una pareja organizadora de una milonga en Newcastle. Conveniente, sutil. Profesional. Ordenado. Detallado.  Con todos los anfritriones esmerados en hacer sentir a gusto a la gente. Nada de arrebatiñas. Nada de sillas volando. Ningún grito desconcentrante ni desconcertante de confusión o desubicacion.
Lo mas granado de la Milongueridad Barcelonesa y de extra-radio alternaba en camaradería con tangueros venidos de toda Europa, coincidiendo en pista, brindis y anécdotas. El Calor ambiental había quedado afuera. El Calor pegajoso se mantenía a raya por los acondicionadores y unos bebestibles fenómenos, entre los que me llamo la atención una piña colada con fruta incluida. El Calor humano, propiciado en profusion se palpaba en el ambiente. Se comentaba que una asistente al festival abusando de la generosidad de los organizadores les había solicitado - a modo de servicio - gente para que la acompañaran a comer. El celo en intangibles e imponderables no llegaba hasta ese extremo.  En mesas cercanas vimos a Los chicos de "Milonga del Angel" junto a los organizadores de la Milonga de Tarragona y Un poco más allá un contingente de la compañia "Tango Amado" a punto de estrenar espectáculo nuevo en Sitges, festival que también tenia sus representantes.  Por toda la sala amigos, conocidos, notables. Abrazos duraderos prestos a estrenarse. El Pibe, fiel a su costumbre, se fue a fatigar tandas. Masayo San bailó tambien,pensando ya en nuevos vestidos. Me deje seducir por la piña Colada, dulce - diría Gaiman - como el pecado. Estaba todo tan perfectamente dispuesto que las inquietudes quedaron a un costado y el ansia por llegar temprano que me había hecho comer poco se transformo en un aguijonazo de hambre que pude contener arrasando con los caramelitos de mi mesa y las linderas.    Atravesando todo el salón y la marea milonguera vi en la mesa de honor a  Juan Manuel y Lisa  Rosales que habian bailado la noche anterior y tambien a las estrellas de festival y  noche: Mariana Montes con un elaborado y sugestivo Peinado y Sebastian Arce con una chaqueta verde con fulgores. Mi sobrino Larrapumbi se volvió casi loco en Sitges 20 edición por la chaqueta negra con tiras brillantes que usaba entonces, tal como escribió en este mismo blog. LLevó esa  obsesión a extremos.  Le atribuía poderes casi sobrenaturales a la hora de bailar, como tantos desdichados que en vez de invertir su tiempo en clases  se hacen con la mitologia y el vestuario: zapatos, pantalones, vestidos, complementos y amuletos baila solos,  sin pensar que toda maestria lleva detrás horas, dias, meses, años  de trabajo y esfuerzo. Hay cretinos asi.  Burlaria  Larrapumbi  la medicacion y vendria queriendo robar la chaqueta de Arce? Con el esmero y el mimo  que los organizadores habían empleado para montar  festival y sala no lo creia posible. A lo maximo que Larrapumbi podia aspirar era a una foto en la entrada, antes de que lo echaran. Y Arce, como todo buen bailarin y milonguero, no iba a sacarse la chaqueta porque si. Disipadas mis dudas sali  a bailar con mis pantalones claros sin poderes.  Me los pisaba  a cada compás por culpa de "las" piñas coladas  y el ruedo expres de los chinos mal pegado con una sartén calentada al fuego.  Todo tiene arreglo en esta vida menos la estupidez. Me arremangue los pantalones como si fueran de diseño y decidí salir a comprar de comer antes de la exhibicion para morigerar el alcohol. Pero  no había nada abierto y lo único que pude conseguir fue un pita con tres (3)  bolitas de falafel. Comía estirando la sensacion junto al  paredón periferico cuando al elevar la vista hacia las ventanas superiores del gimnasio vi una sombra encaramada al árbol, buscando un hueco para colarse al interior sin éxito. Me sobresalte. El ultimo falafel se deslizo con cariño por toda mi camisa negra y luego quedo tirado, sin salsa en el piso. Volví a entrar. El fotógrafo  quiso sacarme foto. Pero yo no estaba en condiciones, con la camisa y la cara congestionadas de alcohol y hambre no satisfecho.  Llegué  al salón justo para escuchar como Santi Presentaba la exhibicion. Toda Barcelona estaba en silencio. Avanzaron los dos al centro de la pista Mariana Montes etérea con su vestido floreado y un elaborado peinado. Sebastian Arce proyectando su poderosa sombra con su chaqueta verde brillante. El silencio de la expectación se tiño de respeto. Y ahí nomas empezaron una tremenda exhibicion de dominio de la técnica, elegancia, postura, maestria. Las salvas de cerrados aplausos con que se celebraba cada obra de arte en movimiento no cesaron hasta que no se hubieron cumplimentado cinco delicias bailadas. Los dos estuvieron esplendidos y Mariana soberbia, a pesar de 40 grados de fiebre con los que había llegado a Barcelona y contra los que lucho con profesionalidad y tesón, llegando incluso para dar las clases a sumergirse en la madrugada del viernes en una bañera de agua fría.  Voluntad. Trabajo. Llegar hasta el limite y controlarlo. Lo que hace grandes a los grandes. "Esto no es normal"  repetía Jep a cada nueva emoción fugaz y duradera en el recuerdo,  sosteniendo su copa de vino con arrobo. Sebastian se fue con su chaqueta Verde junto a  Mariana casi temblando, elevándose por encima de su fiebre.  Dejando de la otra fiebre - la del baile - en la pista.

 Y luego, a pesar de las palmas enrojecidas ya no hubo más. Y
 Saliendo lentamente de su ensueño la milongueridad comenzó nuevamente a bailar. Quedaba una hora hasta el cierre de la gala. Un descenso que se resistía a bajar a la normalidad.
Con una nueva piña colada en mesa estaba cómodamente instalado, paseando la mirada por la sala. Mi deriva languida me llevo hacia el proyector donde se mostraban imagenes de la velada y los concurrentes. Una instantánea gigante me mostró entonces a Helena, la muchacha de la madreselva,  bailando con la mirada perdida en un recuerdo.  No supe si era de la noche anterior o de esta. Mi camisa hizo de tobogan, esta vez a la piña que tire por la excitacion. Fatigue rincones, mesas, tandas y pasos.  Fui hasta el salón de los vestidos, buscando. Masayo San que había invertido su tiempo en probaturas me dijo que le parecía haber visto a alguna conocida probándose un vestido floreado.  Pero no estaba segura.  Quizá nos cruzamos en aquel vasto salón, pero en diferente día.  El dijey Mariano Quiroz, que había hecho bailar hasta al mas contemplativo cantó la ultima tanda.  Salí  bailar con Masayo San. Y luego terminó la noche de gala, cumbre de un magnifico debut de festival, que espero se repita.  Mucha gente se quedo  en la puerta, algunos con ganas de seguir bailando, como el pibe. Otros cumplidamente llenos de tango y sensaciones.  Entre los grupos de alborozados que se resistian a irse vi un corrillo que traía a mi sobrino Aniceto Larrapumbi con un traje ninja destrozado y enredado en cuerdas. "La chaqueta verde. La chaqueta verde" musitaba entre moco y llanto. Quiso saltar por los fondos pero le fallo la agilidad y se quedo colgando entre ropas tendidas y leds.  No podia dejarlo asi. Mientras los milongueros enardecidos por la exhibicion se iban a apurar hasta el ultimo tango en el after del "Desbande" me hice cargo de mi sobrino. Dejamos  atrás la gala del Festival "Una Emoción" - ya no tenia entrada para el domingo - cumplida con lujo de detalles, esmero,  cariño y  estridencia emocional. 
Mientras nos íbamos entre un sinfín de caras satisfechas me consolé pensando que acaso aparte de nosotros dos que eramos la excepción,  quizá había en el after otra desilusión posada en una cara.
Pero era un consuelo pobre. Y no iba a llegar a tiempo.
Como siempre...

lunes, 16 de enero de 2017

Un porche milonguero con...(parte dos)

El tren se detuvo por fin a la altura de la pista en la Milonga del Oriental. Yo tenia una misión. Rescatar a Helena, la protagonista titular de mis desvelos de una demencial milonga en forma de festival todo en uno, con nueve pistas y nueve desafíos. Pude imaginar, que aquel sitio estaba lleno de bailarines bien pagados de si mismos, a juzgar por su  ultimo mensaje: Prisioneras de la perfección
¿Era aquel sitio como el infierno del Dante, como el viejo vídeo juego de kung fu Master en el que para subir de piso tenías que sacudirte una biaba contra el campeón, un taller de practica de la secta de los tangueros sin descanso? ¿o simplemente  un truco publicitario para atraer a palurdos y enamorados como yo mismo?
Todos estos pensamientos se agitaban en mi cerebro mientras subía el terraplén sembrado de ortigas para manotear la primera puerta a la que llegara. Comprendan, En Milonga del Oriental no hay estación de tren, ni parador, por muchas promesas tardías y semi ebrias que hayan hechos algunos diputados, empresarios de transporte o fantasmas políticos que han engalanado esta ilustre pista de tierra a cielo abierto y a los que también hemos engalanado —me incluyo—  con algún voleo o sacada a destiempo. Si el tren se detiene un momento a la altura de la pista es solo porque algunos conductores aprovechan para llevarse la cena tardía, directamente servida desde la parrilla en forma de choripan o piden familiares de milanesa bajando personalmente a la milonga.
 He perdido muchos trenes en mi vida. Incluso he visto desde el suelo como se alejaba uno, mientras un par de malandras se reían y saludaban mis esfuerzos y posterior  porrazo con la mano desde el ultimo vagón.  Así qué,  pensando en Helena reuní mis fuerzas y saltando cual pirata al abordaje quedé pegado en el estribo en un trenzado doloroso de  músculos hasta que un alma bondadosa tuvo a bien abrir la puerta desde adentro manualmente. Dándole las gracias me deslice al vagón como pude. El tipo me miró con desdén y encendiendo un cigarro se puso a fumar.
En estos tiempos que corren las almas escasean y la bondad viene focalizada.
En tres paradas llegué cerca de la improbable encrucijada donde se realizaba el Tango Festival Divino. El tren se detuvo dos calles más abajo y subí andando, entusiasmado con ver aquella pagoda. Pero no había tal. En realidad era un viejo edificio en rehabilitación recubierto en su parte superior con un toldo pintado al estilo oriental a modo de protección para los viandantes. Tal como decía en el papel, publicitario estaba emplazado en un cruce posible solo los viernes hasta la medianoche: Bioy y Edgar Poe. Según parece dos fanáticos de ambos hombres de letras se encargan todos los viernes de empapelar las anodinas calles Garibaldi y Pum con placas de homenaje ante el beneplácito de los vecinos. Y allí quedan hasta que los hombres de la limpieza municipal proceden a devolverlas a sus rutinarios nombres quitándoles toda la magia.
Me encaminé a la puerta. El más horrendo dibujo de Gardel me invitaba a pasar desde un cartel de cartón iluminado. Enseguida tuve la imagen de un tren fantasma que vi una vez, hecho con pobres materiales. Desde donde estaba resguardándose del frío salió una mole de dos metros ataviada con lo que parecía un casco samurái hecho con parrillas de ventiladores. Curiosamente su blindaje tenia pintada una chaqueta, corbata color crema y  terminaba a la altura de la panza donde una faja embutía todo el invento en unos pantalones de gimnasia y unas zapatillas amarillas. Al verlo más de cerca me di cuenta que andaría por la cincuentena. Un luchador apropiado para los Titanes de la milonga. 
Con voz ronca me pregunto:
  —¿Viene al festival? ¿Cabecea o saca en mesa? ¿Qué se inventó antes, el ocho o el sanguchito? ¿Quien dijo Mas vale reinar en el infierno que servir en el cielo?
—Sí. Depende. Nadie lo sabe, no.  Lo escribió Milton y lo hizo decir a su Lucifer. Pero, ¿para que lo pregunta?
 —Mi pibe tiene examen mañana en la facultad. Vaya rellenando este cuestionario. Entra libremente y por sus pies. Deje abandonada la esperanza en la puerta y si vuelve ya se la devuelvo. Son 10,50 con una consumición y todas las papas fritas que pueda comer.
—¿De verdad tiene nueve pistas?
—Sí. Y cada una está custodiada por un guardián mas formidable que el anterior. El tercero es tan terrible que ni siquiera yo puedo mirarlo.
—Se aburre, ¿no?
—no se da una idea.
—Y esta libre interpretación de uniforme que lleva ¿Es asunto suyo o de la dirección? 
—es un barrio peligroso. No sabe cuantas veces han intentado colarse al festival. Al señor Divino no le salen los números.
 —pero los pantalones no lo protegen mucho.
— Ah, eso es por si tengo que ir al baño. Es allí —Me señaló una caseta en una obra en construcción a 20 metros—.  Cuando vuelvo los vándalos aprovechan para cascotearme. Con estos pantalones corro mas rápido.
—Comprendo. Seré curioso, ¿Desde cuando está este festival?
—Hoy es la tercera edición y el quinto viernes. El señor Divino tiene ideas muy innovadoras. La idea es continuar hasta que nos conozcan.
—Ya veo —dije sin saber en que loquero iba a meterme. 
Cuando iba a entrar se escucho por la calle Poe el sonido estridente de un coche de gran envergadura. Enseguida lo vi. Una mezcla entre kaiser Bergantín y Batimovil con los vidrios polarizados en color dulce de leche. Tocó la bocina tres veces antes de derrapar a un costado. Una bocina singular que reproducía las nueve primeras notas de Quiero verte una vez mas. O sea: TARDEQUEMEINVITACONVERSAR, 
TARDEQUEMEINVITACONVERSAR 
TARDEQUEMEINVITACONVERSAR...
Un coche milonguero, sin duda. El cristal del lado del acompañante bajó y pude ver a Pitón Pipeta, al lado del conductor el filosofo Pelandrún. Atrás, poniendo caras de malos Vieytes y Luconi dispuestos a cualquier servicio, siempre que alguien quisiera contratarlos. Y entre ellos, el único medianamente bailarín, el Pibe Pergamino. Un poco después llegó el indio traqueteando a caballo con herraduras de caucho.
—¿Cómo me encontraron?
—Este chiche tiene GPS. Pusimos Festival Tango divino y nos salió esto —dijo Pelandrún—.  Se lo compré a un cura tanguero. Si en vez de hacerse el atleta me hubiera preguntado a mi si lo acercaba.
—Pensaba que los filósofos no creían en la tecnología.
—Suele pasar. Se piensan también que por filósofos nos alimentamos a uva, queso y soma destilado. Y que vivimos en un barril esperando que llegue algún payaso con poder, para taparnos el sol.
—Les agradezco muchachos, pero debo hacer esto yo solo.
—No lo hacemos por usted. Los chorizos estaban pésimos y la música se fue al carajo. Riquelme nos manda en comitiva a ver quien le hace sombra al Oriental. Rómulo le manda saludos y brindará cómodamente en su casa por el bien de la expedición. Si las cosas se ponen feas me dijo que golpee los zapatitos rojos para volver a casa.
—No me vendrá mal la ayuda. Por una vez. Pero prométanme que cuando llegue la hora señalada...
—Si, si —dijo Vieytes, el toba nuclear—.  Nosotros le allanamos el camino a galleta: Y cuando llegue  a la vista de su chica los sopapos se los dejamos todos.
—Oigan  —dijo entonces el de la puerta—. Yo no sé que les habrán dicho de este festival, pero es una casa seria. Si vienen a hacer lío van a tener que rellenar este formulario deslindando responsabilidades a la administración.  Mientras lo rellenan y con su permiso, voy  a aprovechar para evacuar. El frío. Tienen cerrada la entrada hasta que vuelva. Pero si a pesar de mi prohibición deciden pasar, recuerden que soy poderoso y soy el ultimo de los guardianes. 
Permiso. Son 10,50 por cabeza una consumición y todas las papas fritas que puedan comer.
Salió a la carrera a la caseta. A mitad de camino un par de piedrazos le impactaron en el casco.
—Parece buena gente el muchacho —dije—. Lo que pasa es que se aburre.
A la vuelta casi lo tumban otros tres impactos. A duras penas llegó a la entrada a guarecerse tras el cartel gigante de Gardel. Curiosamente los vándalos no parecían ensañarse demasiado con el mal dibujo. Quizá su finalidad era ahuyentar pajarracos, a modo de espantapájaros. En cambio el muchacho crecido de la puerta, con su ridículo uniforme, era un blanco apetecible.  Un hilo de baba ensangrentado le corría por la comisura. No quise saber cuanto le pagarían al pobre hombre. Pipeta le acercó una tarjeta de la milonga del Oriental por si quería presentarse a luchador.
Le pagamos, entramos. La puerta se cerró detrás nuestro.
En la tiniebla humosa del interior se oía D´Arienzo-Echagüe El nene del abasto.
 Una pista mediana estaba medianamente ocupada por parejas bailando en curiosa cuadratura. Una cantidad similar de gente aguardaba en la periferia. Al terminar la tanda y el tango no se escucho cortina. Todos comenzaron a corear: Dos parejas entran, solo una sale. Dos parejas entran, solo una sale.
Estábamos en el principio de una nueva aventura y yo un poco mas cerca de saber si mi valía como bardo guerrero estaba a la altura de las expectativas de Helena, la perdida Helena de la madreselva...
(Continuará)


miércoles, 20 de julio de 2016

AVENTURAS Y DESVENTURAS EN SIGTES 2016(LA VUELTA A LOS ORIGENES) - Por Catulo Bernal.

"Me voy al Festival de  Sitges" - me dijo con una voz que sonaba como si hubieran atado un paquete de distancias y lo arrastraran por un suelo poroso - "Si vas, Catulo de las palabras bajo la sombra de ese árbol que no conoce sombra me encontraras".
Iba. La crónica del festival recuperado al centro de la ciudad del mar, la milonga playera en el crepúsculo y las milongas pos milongas con olor a brisa fresca me desvelaba menos que un reencuentro con Helena. Desde el duelo fallido a sifonasos en la Milonga del Oriental con el tipo blasón una madreselva prendida en el corazón a modo de enseña - metafórica y realmente - para sentirla cerca.  Liquidé como pude un par de talleres: "Retorica para tratar a Borrachos 2" y "como escribir poemas cuando desborda el río" que impartía a jubilados y me permitia complementar holgadamente los ingresos mensuales y me dispuse con mis mejores galas a abordar el expreso a Sitges, que pasa como saben, por muchos túneles hasta llegar prístino a la destinación, una posible metáfora de mis tormentos y mis angustias. Conseguí alojamiento en un hotelucho algo apartado para dos - El infaltable Pibe Pergamino venia conmigo-  y con el bolso mas ligero que mi ansia nos fuimos el sábado. Llegamos como a las cinco de la tarde, con el sol cayendo a pique sobre la humanidad quejosa que se arrastraba tras sus resoplidos. El trayecto con la maleta a cuestas -  aunque era un trecho corto - fue como un descenso a infiernos sudorosos. Pasaban las calles y el hotel, detrás de una vieja capilla, no aparecía. El Pibe parecía imperturbable con la chaqueta. "Si los tuaregs van enfundados, como yo me voy a a achicar con este calorcito de nada".
aquel, llevaba cual
 37 grados y ninguna partícula fresca en suspension.
LLegamos por fin al hotel, un parque y un jardín con arboles y arbustos nos aislaba del calor. Bajamos a la playa. Iba con un pantalón vaquero cortado,   una bolsita  con sanguches de milanesa y una botella casi congelada de Chardonay.  Nos fuimos los dos al agua como dos pibes: saltando y corriendo con grandes aspavientos. Allí donde adivine una hondura me tire medio de cabeza-medio de carpa. Era tan playo que me quedó la cara casi enterrada en la arena.
Me estuvo doliendo los quince minutos que estuvimos a la deriva de las olas.
Suerte que nos aguardaba la pitanza. Me calmó un poco el escozor. Pero la ansiedad no me la llevó la carne virtuosamente empanada.
A la vuelta precisamente calculada para ducharnos, cambiarnos, cenar e  ir al Retiro, note además un ligero inconveniente en las ingles. La tela mojada del tejano me rozaba. La ultima de las cuatro calles se me hizo un tormento. Llegado al bar del hotel, recordando un viejo consejo de los sabios ancianos me hice con una aceitera y me fui a acicalar con oleo para el encuentro.
Luego del baño, el ungüento casero mitigó la irritación, pero me dio también una nueva incomodidad:
Se me pegaban los slips. En todo el camino al centro, donde íbamos a comer, tironee como cinco o seis veces, pero aquello seguía incomodando. Ver todos los bares y restaurantes llenos hasta los topes no aligero mi malestar. Luego de deambular como parias nos metimos en el primer bar donde se podía comer algo que estaba relativamente vacío.
Luego de comer nos dimos cuenta por qué: Un plato de ravioles con boloñesa en donde habían desplegado el contenido de todos los frascos viejos de la cocina - sin pan - fue mi cena. El Pibe pidió una tallarines tan "Al dente" que parecían brochetas. Al pagar vimos como desde la puerta de la cocina un "Chef" con pinta carcelaria nos saludaba con cigarro en comisura.
En la puerta del retiro estaba  Claudio Cesar, eximio guitarrero y mejor persona, recuperandose del embate de uno de esos argentinos sabelotodos que creía venir a escuchar un cantante de tangos decadente y un contador de chistes al estilo Caligula y se quejaba del oneroso coste de la entrada. Una entrada a un festival que lleva sobre sus espaldas 23 años y mucho sacrificio, y que cuesta lo mismo que una entrada regular a la milonga en Tokio. Al pobre le temblaban las manos de los nervios y la adrenalina.
 Nos fuimos acercando a la pista. Lleno total, muchas caras conocidas y buen ambiente.  Gabi Sodini nos había guardado una mesa, muy cercana a la barra. En un rato le tocaba suplantar a Damian Boggio en los controles musicales. Así que apenas tuvimos tiempo de cruzar algunos comentarios y sorbetear algún cordial. Enseguida se fue para el escenario.
Mucha gente de afuera. Mucha milongueridad de Barcelona con el sol de la milonga playera y las ganas intactas. Ilustres visitantes de Portugal y también, en la mesa de Joseph y Teresa: Facundo Posadas y Ching Ping.  Prestigio, para una noche mágica con la presencia de los nuevos conocidos anfritriones:Toni, Alvaro y Alfonz a quienes deseamos muchos años de buen desempeño.
No me di cuenta hasta un rato después  a que se refería Helena con lo del Árbol sin sombra. Era un Farol, Un inmenso farol en el que estaba apoyada mirando como me despegaba los pantalones, con un vestido que tenia en esta ocasión una margarita. Me fui acercando en remedo chaplinesco con las citas y los versos todos en ebullición y pugnando. Como era natural al solo influjo de su aroma corporal se me fueron todas las palabras y comprendi que mi histrionismo era barato.
A ella no le importo. Bajo arboles umbríos vimos las exhibiciones de la noche, anunciadas por el maestro de ceremonias Rogelio Roldan, el alter ego del querido Claudio Frost: Pimero Claire y Dario Da Silva, un viejo conocido de las milongas rosarinas, allá lejos cuando era un muchacho circunspecto e iba al playón del parque España o al queridisimo y casi legendario Club Sarmiento. Preciosa exhibicion terminada con una romanza francesa. Y luego Alejandra Mantiñan y Aoniken Quiroga. Los que han seguido la crónica del sobrino Larrapumbi saben de Aoniken, su velocidad, su porte milonguera, la forma que tiene de desplazar toda su humanidad y transformarla en arte. Los que no, vayan a verlo alguna vez. Y si esta con Alejandra verna como se complementan y hacen algo único e irrepetible.  Podría describirlo, pero no sera ni mucho menos lo mismo que verlos.  Veanlos. Vean esa milonga que es la cima de su exhibicion. No se arrepentirán.
Hubo ronda de maestros y luego Gabi Sodini reanudo la milonga, con sus comentarios poniendo especial énfasis en el after. Se iba a hacer en la explanada al pie de la iglesia de Sitges. "Y despertaremos al cura para los casamientos" bromeaba.
Creo que en algún momento de la noche, abrazado en Pugliese a Helena sopese seriamente la propuesta.
Y es que  de los trajeados, a excepción de Oscar Aristoy, el Pibe y algunos mas, yo tenia las mejores galas.
Paseando de la mano nos fuimos acercando a la iglesia, mucho después de las dos y media, hora en que terminó la milonga Oficial.  Había ya un nutrido grupo de bailantes y una luna marciana y preciosa que salia del mar. A la sombra del muro estaba con su música Jordi Buges para que los que se habían quedado con las ganas pudieran desfogarse hasta la salida del sol.
Bailamos, nos mecimos, compartimos la noche corta como un suspiro, un anhelo o la dicha.  Bajo nuestros pies crujía lo que en un principio me parecieron piedras y eran testimonio de otros momentos plenos y recientes: arroz de boda. A los costados de la pista los maestros supervivientes seguían la duermevela del baile. Algún tecnologo probaba en auriculares personales la  frecuencia tanguera en consonancia con las tandas. Sentados al cordón de la vereda muchos sorbían fresca ambrosía o se sacaban fotos con amistades nuevas.
En un segundo todo cambio. "Tengo que irme" me dijo. Trabajo. "Pero Mañana...mañana."
No se si era verdad o lo decía por cumplimentar un viejo formalismo romántico.
Se me hizo larga la vuelta al hotel.
 Caí rendido y ni sentí la vuelta del Pibe, como a las seis de la mañana.
El domingo comenzó para mí a las doce y media. Una hora más tarde estábamos desayunando  en un restaurant afamado por su paella Parellada. Una disputa culinaria entre Sitges y Vilanova mantiene la incógnita sobre cual ciudad hace el mejor Xató( bacalao, escarola rizada, atún, olivas, anchoas y la famosa salsa).
Comimos como duques con el Pibe y nos encaminamos a la playa.
Omar Quiroga cumplía años y según decía iba a haber tertulia desde la una.
Con el sol de las cuatro a pique comprobamos que efectivamente había tertulia tanguera. En un fuenton con hielo había bebestibles. La mayor parte de la compañía "Tango Amado" estaba en el convite. Y también Antonia, Víctor, Gabi Sodini,  Naoko, Dario,  Montse y Josep y algunos más que mi cerebro abotargado por el calor, la paella y alguna copichuela de Blanco Chardonay me impide situar.
Sé que en algún momento me tendí bajo una sombrilla. Y que comenzaron a llegar los asistentes al festival para la milonga playera de las siete de la tarde. Sé que hubo disputa con un señor amargo que exigía permiso para la música. No le deben haber hecho mucho caso porque enseguida se colonizo la parcela playera .  Busque en vano a Helena. Me comenzó a doler un poco la sien. Decidí enfriarme en el agua y me zambullí con la nuca presionada.
Cuando salí del agua estaba peor. Baile una tanda de vals en la arena. El pibe valseaba de lo lindo. Yo sentía dureza, dolor, un creciente malestar en el vientre.
Me fui yendo hasta el hotel para descansar un poco para el reencuentro. De camino tuve una idea. Me compre un vasito de helado de limón para ver si aquello me aliviaba. Fue peor. Cometí el error de mandarme una cucharada colmada y el frío me penetró en el cerebro.
No se como llegué a  la habitación. Abajo en el parque había concierto de jazz con piano y trompeta con sordina. Me duche, me tire en la cama sin descansar. Mande un mensaje al pibe para que me comprara algo para mucho, mucho, mucho después.
Le pedí que me excusara como pudiera con Helena.
Tuve espasmos, sudor y tiriteras.
La Parellada y el Xató se fueron por donde habían ingresado.
"Ahhhhhh, me muero!, me muero!"-  gritaba en las sombras -  "Dejen de divertirse! "
Perdí la milonga despedida. Perdí la culminación de la historia con Helena.
Me despertó el pibe que volvía a las cinco de la mañana. En la mochila llevaba una pizza de roquefort.
Me sentía recuperado. Me vestí como pude y salí a buscarla alquilando una bicicleta y comiendo a la carrera grandes trozos de pizza.
El Pibe me gritaba algo, pero no le hice caso.
Iba sin esperanzas a la explanada de la Iglesia.
 A destiempo. Derrotado.
No quedaba nada. Ni música, ni gentes, ni arroz pulverizado.
Solo estaba la luna, la misma luna roja que alumbraba mi desdicha.
Quise ver en su brillo un mensaje. Bajo la luz de algo que parecía un árbol sin sombra, creí ver un papel. Adivine un mensaje dirigido a mi:
                                                                  "Se fuga la isla
                                                                   Y la muchacha vuelve a escalar el viento
                                                                    y a descubrir la muerte del pájaro profeta..."
                                                                
Pero no. No había mas que un trozo de periódico y una noticia que siempre es mala.

Me volví pedaleando sin disfrutar el mar, ni la noche, ni el silencio sin paseantes.
En el hotel el Pibe Pergamino sostenía en su dormida mano extendida la hoja de una agenda.
Bajo la luz del foquito del baño lei:
                                                        "Ahora puedes llorar y dejar que tu imagen se diluya
                                                         en los parabrisas de los coches estacionados
                                                         a lo largo del paseo Marítimo.
                                                         Pero no puedes perderte".

Bolaño.
Y un final sin final para el Festival Internacional de Sitges 2016.
Al que le estoy debiendo las palabras para la milonga de la despedida.
En todo caso, me quede con las ganas...
                                     

lunes, 31 de agosto de 2015

TARBES EN TANGO 2015 (SEGUNDA PARTE) Milongueando con la pandilla salvaje en los pirineos - Por Catulo Bernal

Eran las diez de la mañana del jueves  en Tarbes, Francia, con mucho festival por delante. Masayo San, recuperada de las alternativas del viaje, quiso conocer la bucólica aldea. 
En vano inquietamos la puerta de nuestros amigos: Dormían el justo sueño del milonguero, así que nos fuimos con el pibe hacia el centro, por urbanizaciones dormidas y casas de descanso, cerradas en la semana. 
Al fin, luego de recorrer un trazado irregular en el que no vimos ningún rastro de pastisserie, nos dimos de cabeza con el centro neurálgico de Tarbes y con el tango. 
Distinguí en todo el ruido y ajetreo los compases sueltos de Que me van a hablar de amor y hacia allí nos encaminamos, pensando que en una callejuela veríamos el bailongo improvisado y a los insomnes que demoraban su sueño entregándose al sol y a la caricia de los adoquines.
 Pero no. Altavoces y parlantes difundían en las calles del centro un hilo musical surcado por tangos, valses y milongas en una iniciativa que bien podrían copiar las metrópolis principales, esas que presumen de capitales del Tango y solo nos regalan la cacofonía variable de un día normal de frustraciones. Así que nos aposentamos en un café, pedimos croissant,  café y noisette para desayunar a pie y señalizamos los lugares en donde se desarrollaban las milongas, aperotango y otros entreveros, seguidos  por unos tangazos tremendos. 
Lindo pueblo, lindas calles, lindos bistrós.  Era la una y el hambre nos deposito en la plaza Verdum, donde con un plato de pato grillé con su correspondiente guarnición —para cuatro personas mas o menos— de lechuga aderezada y patatas fritas, vimos pasar algunos asistentes al festival, con su bolsita de zapatos en ristre y el ansia fija en los pies, ignorantes a cualquier evidencia de belleza bajo el sol y musitando la cortina musical, que a mi ya me estaba cansando un poco. 
 El Pibe insistía amablemente en irse  a la plaza Jean Jaures, donde bajo una carpa de tamaño considerable, ya disponían la milonga de la tardecita. 
Allí estaba al pie del cañón el amigo Gabi Sodini y  una barra, que me pareció muy conveniente, habida cuenta del calor que se nos venia encima. 
Una sola pareja reproducía clases a las dos. A las dos y veinte la carpa expulsaba milongueros por los cuatro costados. y a las cuatro ya se veían comportamientos campestres y bailarines regados en el césped, camaradería y encuentros. Como a las cuatro vimos llegar a nuestros amigos, que engancharían sin duda con el aperotango y música en vivo. 
Pero yo que soy de costumbres nocturnas y huyo del sol, preferí, junto con Masayo San allegarme al hotel, para volcar en la rapsodia mis impresiones diurnas. Apenas alcance a escribir unas líneas apresuradas de haikus, que le hice llegar por debajo de la puerta a Masayo San.
                       Sol que se esconde
                       bajo las piernas locas
                        ¿milonga adonde?

Y me dormí una pequeña siesta pensado que había llegado a la esencia del haiku. Me desperté y una breve nota con caracteres asomaba debajo de la puerta. Solo decía: kono michi wa yuku ito nashi ni aki no kure. Y también :Deje de hacer el pavo y siga escribiendo en español, pues su tontería no tiene métrica ni traducción. El haiku suyo tiene doble sentido.   Con  Masayo San nunca se sabe si se esta burlando abiertamente de uno o solo se divierte.
 Lo guardé en el bolsillo y luego de adecentarme toqué galante a su puerta, para que me disculpara, invitándola a cenar.
Detrás de esa invitación había privaciones, empeños y traiciones, la colección de los grandes milongueros barrocos de Doré, vendida. un panegírico al conde Duke Poltrine, un improvisado taller literario para jubilados pudientes. Todo eso se fue en Fuas, tartares, canards, bordeaux, tatins y cremes brulees.   Suerte que la mujer japonesa tiene costumbre de pagar a medias. Sino, estaba listo para irme a dormir, sin milonga.
Cuando llegamos al Marcadieu, eran mas o menos las once. Los organizadores, con buen tino, habían programado todos los espectáculos antes, para no cortar la milonga. Una cola que llegaba hasta el conjunto escultórico del centro de la plaza daba una idea del interés de la pibada milonguera  —pibada es un decir— que esperaban con su entrada verde en  mano que abrieran las puertas. Se abrieron por fin y los asistentes al espectáculo que no bailaban dieron paso a la multitud que colmo las instalaciones y la pista y se puso a bailar desenfrenadamente. Digo bien, desenfrenadamente. Ningún espacio quedaba entre bailarines, la circulación era caótica, los hombres con el ceño fruncido ni se molestaban en pedir disculpas. Todos parecían sufrir una especie de furor místico que los mantenía en planos separados aunque en trayectoria de cruce. 
Vi al Pibe, Jordi, Alí y Antonio avanzando en vano desde el centro y arrastrados hacia la periferia por el envión loco del baile. Las tandas eran emotivas, lentas, para que el bailante tuviera alguna calma. No había caso. Era como tratar de encauzar un Rambler sin frenos por la vía de un tren. Ni siquiera la aparición de la orquesta Solo Tango, cuatro muchachones rusos  y tremendos músicos aligeró los ánimos. Parecía que el invisible tentador había endiablado a aquellas gentes. Hasta Jordi, de natural amigable, se vino al costado diciendo que un gigantesco moreno lo había parado y le había dicho algo si como ¿Lo haces a propósito
 Quizá aquella noche la milonga era territorio de los demonios. Habida cuenta de la proximidad de Lourdes decidimos con Masayo San ir al santuario, para traernos agua sagrada y así intentar un pequeño exorcismo con todos aquellos que distorsionaban las buenas formas en la ronda  —una pequeña cifra, si se tiene en cuenta la gran cantidad de afluencia—, pero justa para sembrar el caos en efecto dominó.
Volvimos con el Pibe, Masayo San y Jordi por esas calles vacías, ni siquiera inquietadas por nuestros pasos o algún compás tanguero, fugado de los parlantes.
Al otro día nos fuimos en tren a Lourdes, con una camiseta del Blog, a modo de bandera, para intentar volver a la cordura a todos aquellos poseídos.  
El Paisaje pirenaico de Lourdes, sus montañas, dio paso, a una sucesión de callejuelas turísticas y comerciales donde era posible  en gigantes boutiques de la fe, comprar de todo. 
Había bidones, petacas, estampas, rosarios y hasta pistolitas de agua contra vampiros. Ahí se vendía hasta los milagros. Discretamente un par de restaurantes hindúes se las había arreglado para poner Oms en sus carteles, puestos a competir contra la avalancha católica. Temí que el agua que lleváramos —juntada en botellas plásticas normales contaminadas por el mercantilismo— no fueran a surtir efecto, pero un poco más allá se abrió el valle, el santuario y la gruta. Luego de una visita que incluyó el aprovisionamiento de agua en botellitas y en la camiseta, el pasamanos a la gruta y remojar los pies en el agua para santificar los pasos (idea del Pibe),  nos volvimos a Tarbes dejando aquel santuario, centro de peregrinación de cristianos y de proveedores.
Convencí al Pibe y a Masayo San para cenar frugalmente. Compramos un par de embutidos, alguna bebida y  baguettes para bocadillos. Y con eso arreglamos y encauzamos la noche para la verdadera batalla contra el maligno, que se iba a desarrollar en la pista.  
Llevamos una botellita de agua sagrada de medio litro y nos fuimos al Marcadieu, para despedirnos de la milonga de la noche. 
Mi idea era poner un poco de agua en cada extremo de la pista y algunas gotas en el centro. Iba a ver gran duelo de orquestas con la Típica Roulotte y la  Orquesta Silbando y no era cuestión que se desmadrara la noche. Encontré justo a Gabi Sodini y le pedí que me tuviera la botellita, mientras me anudaba una manga de la bandera lusiardiana en la frente para llevar a cabo mi misión. 
Cerré los ojos para que no me entraran pelos ni cejas y cuando los abrí descubrí con horror que se había mandado casi toda la botella. ¡Que buena! , ahora te compró otra ,dijo.  Los riesgos de poner lo sagrado en un envase normal. 
Luego de que le explicara intentó escupir en los rincones de la pista, pero desistió al ver las caras de las chicas y como lo miraban. Al otro día iba a tener algún desarreglo intestinal.
Curiosamente, la pista se veía de otra manera ese viernes. Parecía que toda la oscuridad y locura del jueves se había transformado en algo mas diáfano. La gente fluía y se divertía. Las tandas, animadas por Marcelo Rojas, parecían mas livianas. Enseguida alguien anunció que las bandas comenzaban el desafío. Típica Roulotte, ataviados como jugadores de fútbol o metegol, verdes. Orquesta Silbando, en rojo.
Había un aplausómetro y enseguida comenzaron a sacarse chispas, con el piano en el centro y compartido. Era tan buen espectáculo y tan humorístico que hasta el pibe se sentó juiciosamente a ver lo que pasaba en el escenario. 
En la pista, las gentes se perdían todas las alternativas del show, bailando como si les fuera la vida en ello. Lo cierto es que estuvo muy divertido. Las dos orquestas se intercambiaron músicos, pullas y burlas y con su desenfado y bien hacer parecieron exorcizar la pista.
 O quizá Gabi había hecho algún par de ademanes para contribuir a la limpieza del ambiente. Fue una apuesta arriesgada, muy divertida y profesional. 
Y espero sinceramente que vuelva a repetirse. Me dio pena por los que bailaban, porque se lo perdieron.
Terminado el concierto y el duelo con empate merecidísimo me topé con una pareja de milongueros de Barcelona que se iba. Nos vamos, porque la música es Malísima y estas orquestas un desastre. Para ver payasos voy al circo, dijeron. Será que los milongueros a ultranza no saben disfrutar de otras propuestas. Será que nos encerramos en una misma idea de diversión, sin ver que a veces los matices hacen el cuadro y en esos pequeños detalles está el goce, el divertimento, la pura alegría de pasarlo bien, incluso sin bailar.
La milonga terminó para nosotros. Quedaba una noche  más musicalizada por Gabi Soda, que tendría que salir bien si o si, debido a su inesperado bautismo interno. 
Dejamos el hotel y cuando nos íbamos los muchachos quisieron despedirse por todo lo alto de Tango en Tarbes, milongueando algunas tanditas en la plaza bajo el ayuntamiento. Quizá necesitaban algún tango para despedirse o algún vals  paro obtener la promesa del reencuentro con alguien especial. 
Demoramos la vuelta y los muchachos se recrearon en la despedida. Masayo San bailó unas tandas conmigo y me dio la traducción del haiku clásico que erróneamente creí mío:
 
Nadie que vaya
por este camino
 crepúsculo de otoño.

 Se iba el verano y la tarde y  la gente seguía bailando. Un hombre que había visto en las noches de milongas, con champan en la mano y  la cara golpeada, por un choque, una crisis o una pelea apuraba su vida a cervezas, como los otros apuraban las tandas bailando, sin dudar,  sin ver, sin crecer. Los muchachos apuraban adioses y yo las palabras intentando entenderlas.  
Emprendimos el regreso en el coche, de vuelta a casa, no sin melancolía, dejando una parte de nosotros en Francia, fácil de devolver al recuerdo e imposible de devolver a la vivencia real. 
 El cielo de la tarde se nublaba y Cada tanto la lluvia de la montaña mojaba los cristales. Adelante Toni y Alí hablaban de lágrimas en la lluvia y replicantes Nexus, mientras sonaba de fondo un nocturno de Chopin.  Y nosotros medio dormíamos, medio soñábamos, atravesando la montaña.
 Pensé en los milagros, en la posibilidad de la fe, en la certeza ciega que te hace bailar casi sin ver a los otros, en los haikus intraducibles, en las cenas irrepetibles y en el tango desperdiciado sonando en los parlantes de un pueblo indiferente, sin que hubiera quien le pusiera  movimiento a la magia de lo espontáneo.